Archivo de la categoría: Noticias

Cataluña desde el Congo

No es lo mismo ver el mundo desde el centro que desde las periferias, y las cosas se ven distintas desde el estrecho de Magallanes que desde las más conocidas capitales del mundo. Es una idea del Papa Francisco que me gusta muchísimo. Y hoy vuelvo a ella para compartir algo con todos vosotros.

Soy una misionera mallorquina y desde 2009 vivo en Kanzenze, un poblado de la provincia de Lualaba, al sur de la República Democrática del Congo. Algunos de mis hermanos han nacido en Barcelona, y mi padre tuvo su primer trabajo en Cataluña. Parte de mi familia vive hoy allí. La primera vez que fui a Barcelona, mis padres me enseñaron con especial ilusión la que fue su casa. Ellos nos hablaban de la gente que allí habían conocido como gente amable, acogedora y muy cordial. He vivido dos años y medio en Sant Cugat del Vallés, en donde empecé mi formación en vida religiosa. En varias ocasiones, he pasado varios días e incluso un mes entero en “La Cova” de Manresa, en la que San Ignacio de Loyola dio los primeros pasos de su andadura espiritual. El Instituto Uzima, en el que trabajo ahora y que permite que casi 500 chicos y chicas puedan estudiar en nuestro poblado, ha sido financiado, a través de Manos Unidas, por un señor catalán.

Junto a ello, en mi historia familiar hay un poco de España, Italia, de Francia, de Irlanda, del Centro de Europa… y seguramente de muchos sitios más. Mis padres siempre tuvieron interés en que aprendiéramos idiomas y eso nos resultó más fácil porque estudiábamos mallorquín (o catalán, ¡no voy a entrar en otro debate!) y castellano. Quise aprenderlo bien y me examiné del Nivel C que aprobé con buena nota. Conocer dos idiomas desde mi infancia me ha facilitado aprender después inglés, francés, alemán, italiano, suajili, algo de chino… y ahora estoy estudiando arameo. Estoy convencida de que la lengua más difícil de aprender es la segunda, porque es cuando la mente hace clic y empieza a comprender que las cosas se pueden expresar de mil modos y maneras, que cada lengua configura una visión del mundo y que la manera de ver el mundo afecta al corazón de cada lengua. En los veranos, íbamos al extranjero a aprender idiomas y, con ello, se nos iba abriendo todo un universo. Uno de mis hermanos vivió en una familia de hindúes en Estados Unidos, otro en una familia de lefevrianos en Francia… yo viví una vez con una familia tradicional irlandesa que enviaba a sus hijos a estudiar gaélico y otra con una señora muy mayor descendiente de los que en 1916 y en 1921 lideraron la independencia de Irlanda. La primera vez que aquella familia de hindúes vino a visitarnos a Mallorca, se quitaron los zapatos para entrar en casa. Y yo, en aquellos pies descalzos, comprendí la belleza de la diversidad en la unidad, y de la comunión en la diferencia. No puedo dejar de contaros que recibí la noticia del atentado en Las Ramblas de Barcelona cuando, precisamente, estaba trabajando, a través del ordenador, en un proyecto precioso con un amigo musulmán, que consiste en un acercamiento a los Evangelios desde el arameo, una de las más antiguas lenguas semíticas.

Hoy escuchaba –  me han mandado el audio por Whatsapp, la entrevista de radio que le ha hecho esta mañana Cristina López Schlichting a un amigo de la familia, Tomy Feliu. Recientemente, ha publicado un conmovedor texto en el que explica los motivos que le han llevado a la decisión de dejar Cataluña. Alguien que ha vivido 15 años allí, que ama esa tierra y a sus gentes y que, incluso, tiene un hijo catalán. La entrevista ha sido serena, aunque rezumaba el dolor de la división. Algo que me ha impactado particularmente es que Tomy decía que necesitamos vista de halcón, para ver las cosas más desde lo alto, con una perspectiva más de conjunto, con otro horizonte. Algo así como cuando en 1990 Carl Sagan habló sobre la Tierra desde la perspectiva de una foto tomada a 6.000 millones de kilómetros, o como lo que explica Christophe Galfard en un maravilloso libro titulado El universo en tu mano. Un viaje extraordinario a los límites del tiempo y del espacio.

Y por eso me he decidido a escribir desde el Congo. Para sacar mi bandera blanca y expresar que es posible integrar la diversidad sin dejar de ser una familia, como expresaba recientemente en la Eurocámara el ex-primer ministro belga (1999-2008) Guy Verhofstadt. Para decir con Pedro Casaldáliga, Premio Internacional de Cataluña, que lo que está sucediendo no es un proceso natural y que preferiría que las cosas fueran de otra manera porque así no tienen sentido. Es aquello que expresa Ken Wilber en su libro Breve historia de todas las cosas y que consiste en el hecho de que, cuanto más avanzamos hacia estadios superiores de vida y de conciencia, más capaces somos de integrar, de aunar, sin dejarnos llevar por divisiones tribalistas, por guettos, racismos, odios, extremismos ni radicalismos (del color que sean).

El debate sobre la independencia de Cataluña y los acontecimientos que han rodeado el 1-O, los he vivido desde la brutal realidad que viven en la República Democrática del Congo millones de mineros artesanales, un proyecto en el que he estado trabajando estas últimas semanas (y con una perspectiva más amplia, desde 2016). He seguido con extraordinario interés, en la medida en que las comunicaciones me lo han permitido, las noticias que llegaban sobre este difícil momento que atraviesa España. A la vez, yo me estaba impregnando de esa realidad de seres humanos como tú y como yo que no tienen acceso a la luz, al agua, que descienden desnudos a 70 (y más) metros bajo tierra y en donde llegan a pasar a veces varios días para conseguir cobre, cobalto, casiterita (uno de los tres así llamados “minerales de sangre”), oro… trabajo por el que cobran unos sueldos de miseria mientras otros se vuelven millonarios. He visto a niños de 6 y 7 años trabajar en las minas, a las mujeres lavar minerales de 7 de la mañana a 6 de la tarde, bajo un sol abrasador, y en contacto con el uranio sin protección alguna, en aguas sucias e infectadas. He visto la cadena de una miseria que se prolonga porque millones de personas hoy no pueden acceder a la educación ni a la salud.

No es sólo eso. Vivo en un país que lleva 57 años desde su independencia – el 30 de junio de 1960 y precisamente en una provincia que, tres días después de esa fecha, ya comenzó una revuelta por la secesión. Vivo en medio de un pueblo que lleva consigo un cuerpo dolor inmenso, fruto de la esclavitud, de la humillación, del sometimiento. Vivo en un lugar en el que hace 27 años hubo un conflicto entre provincias (Kasai y Katanga) que condujo a la expulsión y exterminio de miles de personas. Vivo en un país que cuenta con más de 3 millones de desplazados; y unos 1.800.000 desde agosto de 2016 hasta ahora, que ha llenado las calles de muchas ciudades de niños sin hogar. Y os digo que son heridas profundas, muy profundas. Admiro profundamente a la gente de este país que me acoge, personas resilientes y acogedoras, pero no por ello dejo de experimentar lo que supone en el día a día, convivir con gente que ha tocado el fondo de un sufrimiento así. Vivo en un país en el que te pueden encarcelar o matar por pensar diferente, en el que te controlan lo que publicas y en el que ser libre se paga muy caro. Y a esto se llega siempre que no nos respetamos, a esto podemos llegar nosotros también si seguimos agrediéndonos unos a otros.

Hace dos semanas, quemaron a un hombre en nuestro poblado. Durante muchos meses hemos pasado largas temporadas sin luz, debido al robo de cable del tendido eléctrico. La población se iba rebelando más y más y una noche, cogieron a uno de los ladrones. Primero le sacaron los ojos, a unos 6 km del poblado. Y luego, muy cerca de nuestra casa, enfrente de la Maternidad del Hospital (por la parte exterior) lo envolvieron con neumáticos de coche, lo rociaron de gasolina, lo tiraron en una cuneta y le prendieron fuego. En la oscuridad de la noche, la gente se agolpaba y animaba ese terrible acto. Al día siguiente, disputas entre un poblado y otro. Ahora se han calmado las cosas, pero ha quedado una herida profunda. Ese suceso me ha hecho pensar mucho sobre el hecho de que hay algo que es común a cosas que pueden parecer muy diferentes. Porque la raíz de la violencia empieza en el propio corazón. Hay veces en que una se pregunta, como la educadora social en Ripoll a raíz de los atentados: ¿Cómo puede ser? No hay otro camino que el diálogo, el respeto, ese envainar la espada que le dice Jesús a Pedro en el Huerto de Getsemaní y que tanto fascinó al estudioso René Girard cuando profundizaba en la violencia en la Literatura. Para eso hace falta todo el valor y la dignidad de lo que somos: seres humanos. Mucho más que para insultarse mutuamente, despreciarse y asfixiar el ambiente.

Creo que es posible integrar las diferencias de lenguas, de maneras de pensar y de ver el mundo, de costumbres, de tradiciones. Pero, en cualquier caso, no generemos más dolor en este mundo. No fabriquemos problemas que no existían, ni levantemos muros en lugar de construir puentes. Como decía Tomy, la vida es demasiado breve para pasarla discutiendo por un pedazo de tierra o para estropearla con identidades excluyentes. No somos unionistas o separatistas, no somos blancos o negros, no somos “… o…” sino seres humanos.

Yo creo que, en el fondo, lo que tiene las raíces más hondas en nosotros es la vida. Para estos días, os recomiendo dos libros: uno, de López Lomong titulado Correr para vivir. De los campos de exterminio de Sudán a las Olimpiadas. Y otro de Stefan Zweig titulado Los ojos del hermano eterno. A lo mejor, si aprendemos a acogernos y a escucharnos, a estar atentos incluso al latir del dolor que se esconde detrás de la violencia, si nos disponemos a ver en todo ser humano a nuestro hermano, podremos ver el despuntar no sólo de la resolución de esta crisis, sino de un futuro más bello, más humano y mejor para todos.

 

 

Anuncios

Prisca y el Corpus Christi

Decía Pedro Casaldáliga, en una oración muy bonita, que él se presentará ante Dios con el corazón lleno de rostros y de nombres… A veces, la Adoración Eucarística es precisamente eso, ver junto a Jesús tantos rostros y tantos nombres, tantas historias de vida, de lucha, de superación… tantas vidas ocultas y anónimas en las que, en medio de todo y pese a todo, late la esperanza. Un buen amigo, el P. Diego, decía el otro día en uno de sus tweets: “Para encontrar a Cristo es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres como confirmación de la comunión sacramental”.

Prisca tiene 9 años y hace dos que no va a la escuela. Es la mayor de 5 hermanos: Jolvine tiene 7, Emélie tiene 5, Jonathan 3 y Léonard es un bebé de 2 meses. Su padre es alcohólico y después de muchos problemas, su madre ha terminado por abandonar el hogar para volver a casa de sus padres. Prisca dejó la escuela porque no tienen medios, su padre se gastó todo en el alcohol y aunque ahora él ya no está en casa, no saben cómo remontar. Su madre cultiva y Prisca, a veces, la acompaña al campo a trabajar. Ahora viven con los abuelos, y la madre y los 5 hijos tienen una pequeña habitación donde hospedarse. Prisca tiene muchas ganas de ir al cole, y su madre, por fin, se decidió a venir a ver a la Hna. Clémentine y explicarles lo que les pasa. Su madre pedía una beca, y decía que está dispuesta a trabajar en lo que sea para que su hija pueda estudiar. También le gustaría que estudiara Jolvine, que tiene que hacer 1º de Primaria, pero eso lo ve muy difícil por el dinero, y ha pensado que, al menos, estudie la mayor. La Eucaristía es ese amor tenaz, valiente, arriesgado e incansable.

Me viene el rostro de un profesor que siempre está disponible, siempre dispuesto a ayudar, siempre contento y como si no le costaran los múltiples favores y servicios. Quiere muchísimo a los niños. Hace poco le ofrecieron trabajo en una empresa minera, en la que ganaría 600 $ al mes, bastante más de lo que gana en nuestra escuela, situada en un medio rural. Vino a contármelo y me dijo: “Yo no me puedo marchar, mi vida es la escuela, no quiero dejar a los niños. Me gusta mucho mi trabajo y creo que lo más importante que puedo hacer por nuestro país es educar”. “Re-cordando”, es decir, pasando por el corazón, vidas así, comprendo el sentido profundo de la Eucaristía, que es ser pan partido para los demás.

Pienso en una mamá que tiene 6 hijos. El pequeño, Héritier, tiene un problema neurológico. A veces llora horas y horas, no les deja dormir por la noche… no puede sostener la cabeza y su crecimiento es muy complicado. Pero su madre nunca tiene una palabra de rebelión contra Dios, sino todo lo contrario. La Adoración es un momento para pedir alivio para tantos corazones y tantos hogares, para tantos dolores y preocupaciones escondidas. La Eucaristía es una escuela de acción de gracias, para quien sabe, como decía mi fundadora Alberta Giménez, “ver más allá de la corteza de las cosas”.

A veces estamos orando y, como el Hospital está cerquísima de casa, se oyen los gritos de alegría cuando nace un niño o los lamentos de duelo cuando muere alguien… todo es oportunidad para orar y llevar a tanta gente junto a Jesús. Estar enfermo aquí no es fácil, con pocos medios y con la falta de las condiciones necesarias. La Eucaristía es una escuela de estar, de permanecer, de cercanía.

En la Adoración, también me gusta pedir por mi familia, nombrando a cada uno… estos días, de manera muy especial, a Martín, que el sábado pasado hizo su Primera Comunión. Es un gran jugador de fútbol y un monaguillo como pocos. La Primera Comunión que, ojalá sea la primera de muchas que vendrán… yo le decía el otro día que no se cansará nunca porque, como les sucedía a los niños de Narnia con Aslan (el león, imagen de Cristo) cuanto más mayor se haga, más grande verá a Jesús. Sin dejar por eso de sentirle cercano y de estar tan a gusto con Él. Y para eso, como dice mi hermano, hay que conservar siempre un corazón de niño. La Eucaristía es una escuela de amor.

La Adoración es el momento en que pasan por mi corazón, de un modo especial, todos mis amigos. Vivir lejos es experimentar que existe una comunión que no conoce fronteras. Es descubrir que, en la amistad, como alguien escribió una vez, puede haber comas, pero nunca un punto final. Es aprender a disfrutar de esa caja de tesoros que es el hondón del alma en donde se guardan tantas cosas bonitas, y es respetar las pausas y los silencios porque, en latitudes diferentes, el tiempo y los acontecimientos transcurren de forma distinta. Es aprender a esperar, a acoger y a estar siempre. La Eucaristía es el alimento de la amistad verdadera: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

La Adoración es expresión de paz, para nuestro pueblo, la República Democrática del Congo, y para tantas naciones de la tierra: Sudán del Sur, República Centroafricana, Camerún, Níger, Siria, Yemen, Colombia, Reino Unido, España… La Eucaristía es un taller de perdón, de saber ceder, de perder, de agacharse, de humillarse, de hacerse pequeño. Porque la paz o la guerra empiezan siempre en nuestro propio corazón.

La Adoración es un momento de dejar que Jesús, el Príncipe de la Paz, serene lo que ha removido el corazón y ha hecho tal y tal momento un poco difícil. La Madre Teresa de Calcuta decía que lo mejor que podemos hacer para sentirnos bien, para encontrar nuestro lugar, es adorar.

La Adoración es estar ahí, y reconocer desde lo profundo que Dios es, y que eso basta. Que nada puede borrar la Gloria de Dios. En palabras de San Ireneo, “la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios”. El Verbo se hizo carne. Desde entonces, como decía Ortega y Gasset, ser humano es lo más grande que se puede ser… las vidas de Sus pequeñitos son hermosas a los ojos de Jesús. Y Jesús se hizo Pan. Desde entonces, la Eucaristía es el alimento más precioso que podemos recibir.

En el corazón de nuestro pueblo late la esperanza

El señor que veis ahí, en la foto, va a vender carbón. La fabricación es un proceso que lleva varios días y que requiere mucho esfuerzo físico y sacrificios: cortar la leña, montar el horno, vigilar el fuego… con frecuencia, quienes fabrican carbón se quedan varios días en la selva hasta que está listo para meterlo en los sacos. Después, y esto lleva unos cuantos días más, cargan los sacos en sus bicicletas y, cargados como mulos, empujan las bicis desde nuestro poblado, Kanzenze, a la vecina ciudad de Kolwezi (56 km.) para vender cada saco a 3 €. Es decir, si miráis bien la foto, por toda esa carga, este señor recibirá unos 35 €.

Hace unos años, perdimos a un alumno de 3º Secundaria en nuestro Instituto de Kafakumba porque le explotó, literalmente, el corazón. Era el tiempo de vacaciones de verano, y trabajaba transportando carbón a grandes distancias para pagarse los estudios. Esos viajes empujando la bicicleta son agotadores: por el esfuerzo físico, por el calor, por la falta de una alimentación adecuada… la población no está dispuesta a seguir viviendo así.

Los políticos de la Oposición ya han abandonado las discusiones sobre el Acuerdo de San Silvestre del 31 de diciembre de 2016, que evitó que el país sucumbiera a un caos total, al final (teórico) del mandato del Presidente Kabila. Fue gracias a la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) aunque ahora el Presidente no se ahorre críticas, más o menos solapadas, contra ella, como en la reciente entrevista publicada por Der Spiegel. Él sigue en el poder desde entonces y poco, por no decir nada, se ha cumplido ni respetado. En la entrevista decía que él no había prometido nada, y es que no hay nada que prometer: la Constitución, votada por la inmensa mayoría de los congoleños, exige la alternancia en el poder. Nadie quiere una dictadura (menos los que viven del sistema a costa de los demás). Por eso ahora vuelve la presión. El pueblo tiene, literalmente, hambre. Hay más de 1.000.000 de desplazados. Ir a la escuela es un lujo, y curarse también. La moneda nacional se devalúa y el poder adquisitivo de la gente es cada vez menor. La Oposición pide elecciones. La comunidad internacional ha repartido sanciones a un círculo directamente ligado al presidente (ministros, el jefe de su Guardia y otros “allegados”) y la ONU ha pedido una investigación internacional sobre las matanzas de Kasai, las 40 fosas comunes (aunque se cree que hay muchas más) y el asesinato de sus dos expertos. Miles de presos se han escapado de distintas cárceles del país. El principal opositor, Moïse Katumbi, sigue haciendo presión para volver de un exilio forzado.

El abanico de posibilidades es amplio. Unos piensan que, ante la presión popular e internacional, el Presidente acabará marchándose. Entre ellos, hay quienes creen que Katumbi volverá y liderará la carrera hacia las elecciones de diciembre. Algunos analistas internacionales hablan del peligro de una guerra civil, como sucedió en 2013 (y continúa) en Sudán del Sur. Otros creen que la R.D.C. será una réplica de las dictaduras de otros países vecinos, como Ruanda o Zimbabwe.

Pero… en el corazón de nuestro pueblo late la esperanza. He aquí un signo: hoy, delante de mí, en Misa, había una joven mamá de 4 hijos. El marido la dejó. Ella trabaja en el Hospital y gana 52 € al mes. Con ese salario, y sus esfuerzos aquí y allá, todos sus hijos en edad escolar van al cole, y los lleva siempre muy limpios y aseados. Y ahorra dinero para que al menos puedan comer pollo una vez al mes. Dice que es un momento especial y que los niños disfrutan muchísimo. Y son muchos más los congoleños que dan la vida por los suyos y por los demás que los que actúan como sanguijuelas a costa de lo que sea, abandonando al pueblo a su suerte. En los avisos parroquiales, se ha hablado del robo de cable de cobre, porque cada dos por tres estamos sin luz. El Estado no cumple sus obligaciones, la población no es protegida… pero la gente se organiza, y hoy va un grupo de la parroquia a trabajar para arreglar el problema de la luz. Y todos van a contribuir con una pequeña aportación económica. En un reciente artículo publicado en Africa Times, Arnaud Gallet decía que en la R.D. del Congo la corrupción es endémica. No lo niego, pero la solidaridad también lo es. Como dice Xavier Aldekoa en Hijos del Nilo:

“Cuando no hay ley, cuando la policía no llega y el Estado se desentiende, es la propia comunidad la que te protege. Es el vecino quien vigila tu espalda, quien te ayuda a interpretar y a responder a las situaciones. Por eso es importante tejer una red de confianza allá donde vas. Cuanto más riesgo, mayor es la necesidad. Y, aunque parezca un milagro, en esas situaciones donde el desamparo es máximo, también aumenta la generosidad. En África, donde demasiadas sociedades sobreviven sin infraestructuras de Estado, la comunidad es el refugio y el salvavidas”.

Queremos la paz. Queremos un presente y un futuro mejor. Y lo que está en juego en la República Democrática del Congo es la dignidad de los hijos de Dios y una existencia verdaderamente humana para casi 80 millones de personas.

Enlace

¡Hola, amigos!

¿Cómo va todo?

Hoy estoy en la ciudad, en Kolwezi… un día diferente en medio del ajetreo del fin de curso. Y, de pronto, un encuentro de esos inesperados que alegran el corazón. Iba por la ciudad, y ha venido hacia mí corriendo John, para darme un inmenso abrazo. John cursa 3º de Primaria (aunque este año ha perdido el curso por enfermedad) y vive en un centro de acogida de menores, dirigido por el P. Damien, franciscano. Lo conozco de verlo por la ciudad, de contarnos cosas y hablar, y porque el año pasado los chicos del Centro y nuestros alumnos jugaron un partido de fútbol en Kanzenze y luego compartieron una sencilla comida, en medio de un ambiente muy sencillo y alegre (la foto es del año pasado, pero John ¡ha crecido muchísimo!). Nos hemos sentado un rato los dos a contarnos cómo nos van las cosas y luego le he invitado a unos buñuelos y a una Fanta, que es lo que le hacía ilusión.

El de hoy es un encuentro de esos que le recuerdan a una la belleza y el inmenso don de vivir aquí y de entregar la vida entera por Sus pequeñitos, a quienes Jesús se revela y a quienes muestra los “secretos” del Reino. Es eso que dice el Papa, que si sólo con nuestra vida hemos ayudado a una persona a vivir mejor, ya ha valido la pena. Encuentros que alegran el corazón y hacen más bonita la vida humana.

Y… cuando ya se iba, ha vuelto otra vez, para otro abrazo. Y se ha ido tan feliz.

Un corredor humanitario a pequeña escala

Salieron el viernes pasado de Boya, un poblado a unos 50 kilómetros de Tshimbulu, en la provincia de Kasai Central. Ahí la ONU encontró en el mes de marzo 15 de las ya 40 fosas comunes, consecuencia del conflicto de las milicias de Kamwina Nsapu que empezó en agosto de 2016. Conflicto que tiene lugar en un contexto político y social muy complejo, con responsabilidades de muchas partes implicadas que terminarán saliendo a la luz. Un genocidio silenciado. Una masacre que está pasando “desapercibida”. Huyeron durante dos días, a pie, atravesando la selva. No era la primera vez que pasaban varios días en la selva, pero esta vez se dijeron que ya no podían más, porque corrían demasiados riesgos. No se puede vivir con tanta tensión durante mucho tiempo. Esto se escribe muy rápido, pero se vive sorbo a sorbo: salir con lo puesto, dejar tu casa, correr con tus cuatro hijos de 16, 14, 12 y 10 años (son cinco, pero el mayor ha huido a otra localidad para poder presentar el Examen de Estado), sin comida, con el peligro de las serpientes y otros animales, con riesgo de violaciones y abusos… y luego… tu trabajo, la escuela de tus hijos, tus amigos, tu historia… Y a esto hay que añadir que cuando en los años 90 tuvo lugar en la República Democrática del Congo el conflicto Kasai-Katanga (hoy provincia de Lualaba y de Haut-Lomami), muchas de esas familias tuvieron que huir precipitadamente… muchos lo perdieron todo, otros fueron asesinados y otros murieron de hambre y de enfermedades por el camino. De los que sobrevivieron, muchos regresaron a su provincia de origen, Kasai, de donde ahora tienen que huir de nuevo. El cuerpo dolor de este pueblo es brutal. Desplazados. Siempre desplazados.

Llegaron de madrugada a Mbuyi Maji, con los pies hinchados y agotados por el cansancio. Al menos, allí encontraron a otros familiares que residen en esa localidad. Un poco repuestos y con el último dinero que les queda, han emprendido hoy el viaje a Lubumbashi. Tardarán más o menos una semana en llegar, si se tiene en cuenta el estado de las carreteras del país, el transporte caótico y todo lo demás que, cuando se ve en la realidad, supera a la ficción. Lubumbashi es la segunda ciudad del país, y allí piensan instalarse. Porque ahí hay mucha mezcla de gentes y de tribus. Pero… llegarán sin nada. Y aunque en la República Democrática del Congo siempre aparecen familiares, porque la familia es “extensa”, la gente es muy pobre y eso va a convertirse en una pura lucha por sobrevivir.

Recientemente, se publicaron unos datos de la ONU que decían que el nuestro es el país africano con más desplazados: 3,7 millones, de los cuales,1 millón proceden de la región de Kasai Central.

El otro día, alguien me escribía y me preguntaba de qué servía ayudar a “este niño” sin hay muchísimos más en las mismas condiciones. Pero en la vida se va uno a uno porque el amor, como dice el Papa Francisco, es “artesanal”. Porque, como decía una vez San Juan Pablo II en unas Jornadas Mundiales de la Juventud, no somos números de una masa anónima, sino que cada uno de nosotros es conocido y amado por Dios, aunque a veces no se dé cuenta de ello… o no lo sepa, o el dolor y las dificultades de la vida le empujen a olvidar esta profunda verdad.

¿Qué necesita esta familia de desplazados? Dinero para poder comprar una casa en un barrio sencillo de la ciudad y algo más que les permita arrancar en un primer momento y empezar una actividad para ganarse la vida. Los conocemos y les llegará. Eso está prometido. Ý podemos hacer el seguimiento, y enviar el informe narrativo y económico. Es una manera de hacer un corredor humanitario, a pequeña escala. Es un modo de crear puentes y abatir muros. Es un modo de convertir este mundo en un lugar mejor para todos.

Os dejo con un fragmento de una oración de Xavier Ilundain, que me ha llegado hoy. La he llevado todo el día en el corazón y aunque al principio la he rezado llorando, me ha llenado de paz y del consuelo de Jesús:

“Señor (…) África ha sufrido tanto (…) que ha decidido ir haciendo una pacificación muy honda en su corazón extenso (…) se les ve huir con los suyos, en procesiones de permanentes Viernes Santos, de las pugnas y combates del hombre contra el hombre (…) Señor, África hace al cielo y a los hombres una ofrenda abundante y maravillosa de hijos (…) Son pequeños nacidos y enseguida entrenados, para ser mensajeros de la paz: una paz en la que Tú, querido Señor, nos tendrás que cuidar y cuidar”. —————————————————————————————————

Si quieres, puedes hacer un donativo al siguiente número de cuenta de la CONGREGACIÓN PUREZA DE MARÍA MISIONES:

IBAN: ES94 0075 0430 1506 0024 8960

BIC: POPUESMM

NIB: 0075 0430 15060024896 0

Cuando hagas en donativo, pon en concepto DON UZIMA DESPLAZADOS.

Todo ayuda, todo sirve, nada es pequeño: 1€, 5€, 10€… o más. Lo que tú quieras. Cuando lo hagas, avísalo a mi correo, vbraquehais@gmail.com. Si quieres que el donativo te desgrave en la declaración de la renta, debes notificarlo a pmariaadgral@planalfa.es, dirección de nuestra Ecónoma General, y enviar tus datos completos. Y si quieres saber más datos o preguntar algo, puedes contactar conmigo a esta dirección de correo: vbraquehais@gmail.com

Lo escribo con dolor

Se ha publicado esta semana el vídeo del brutal asesinato de los dos expertos de la ONU, Michel Sharp y Zaida Catalán, desaparecidos el 12 de marzo. El crimen tuvo lugar mientras investigaban acerca de las fosas comunes en la provincia de Kasai Central, que ya alcanzan el número de 40, con muertos entre agosto de 2016 y abril de 2017. No deja de ser sorprendente que en medio de las voces que se alzan para abrir una investigación internacional, aparezca un vídeo, cuyo origen se desconoce, en el que está filmada con todo detalle la muerte de estos dos miembros de Naciones Unidas. ¿Cuál es el móvil que está detrás de todo esto?

El 2 de junio de 2010 fue asesinado, en Kinshasa, Floribert Chebeya, activista congoleño, presidente y fundador de la “Voz de los sin-voz”. ¿Por qué fue asesinado?

El 30 de marzo de 2016, fue asesinado en el Kivu Norte el P.Machozi Karunzu, que investigaba matanzas en el Congo y que era director de la página web www.benilubero.com. Había sido amenazado varias veces desde su regreso al país en 2012, después de unos años en Estados Unidos. ¿Quién ordenó su muerte?

El 14 de abril de 2017 ha sido asesinado Gildo Byamungu, un médico ginecólogo y cercano colaborador del Dr. Mukwege. Había colaborado en un documental de 2015 que narra las violencias hechas a las mujeres por parte de fuerzas armadas y grupos militares. No se sabe quién ha sido. Pero sí se sabe todo los intereses que hay en la zona Este del país, y que algunos se enriquecen a costa de la vida de muchos más.

Y luego están las muertes cotidianas y totalmente invisibles: las de la gente en las minas artesanales, las del conflicto en la frontera Este del país, las de las mujeres violadas, las de los manifestantes y opositores. Las del hambre desgarradora. Las de la falta de educación y acceso a la salud.

Intereses creados. Negocios multimillonarios. Ambiciones desmesuradas.

El cardenal Laurent Mosengwo, arzobispo de Kinshasa, dijo en su reciente homilía de Pascua: “Pueblo congoleño, nos sentimos como si fuéramos un grano tirado por tierra; somos ignorados,  abofeteados, pisoteados. Vivimos en el país un tiempo de confusión, de oscuridad, de desesperanza”.

Hay muchas preguntas y con ellas, las muertes de Michel Sharp, Zaida Catalán, Floribert Chebeya, Machozi Karunzu, Gildo Byamungu, y las de miles de congoleños, corren el riesgo de quedar impunes.

El Telediario y la R.D.Congo

Ayer llegué a Lubumbashi, donde voy a estar unos días para trabajar en un proyecto de cooperación al desarrollo. Y… estar aquí me permitió ver el Telediario español de las 15h. No me acostumbro a las noticias que aparecen y a las que son invisibles. Y… me explico.

No hubo ni una noticia, ni una mención, ni una imagen, ni una referencia, a la República Democrática del Congo. Y la R.D.Congo está de nuevo en un momento crucial. A raíz del Acuerdo de San Silvestre firmado el 31 de diciembre de 2016, la situación se calmó un poco, a pesar de que el Presidente tenía que haber dejado el poder el 19 de diciembre de 2016. Esperábamos la formación de un Gobierno de transición para el 28 de enero y todavía no lo tenemos. El nombramiento de Primer Ministro, y todavía no lo tenemos. La Comisión de seguimiento y control de la CENI (Comisión Electoral Nacional Independiente) y todavía no la tenemos, aunque desde hace unos meses ya se está censando a la gente (¿bajo qué mecanismos de control y verificación?). La CENCO (Conferencia Episcopal de los Obispos del Congo) se retiró de su rol de mediadora el 28 de marzo, que hasta ahora no ha dado resultados. Han hecho todo lo que han podido, una labor encomiable, y hay una vía posible para salir de la crisis. Pero cuando quienes están en el poder se aferran, no buscan soluciones y generan problemas cada vez más grandes. El 29 de marzo, la Oposición, con Félix Thisekedi a la cabeza, convocó “Jornada Ciudad Muerta” para el 3 de abril, huelga general para el 5 de abril y manifestaciones pacíficas entre el 10 y el 24 de abril. El pueblo está sensibilizado, porque ya no puede más. Ahora la baza la tiene Joseph Kabila que podría ponerse de acuerdo con el grupo formado por los partidos de la Oposición y nombrar un primer ministro para que el país pueda tener en diciembre elecciones transparentes y creíbles. Cosa cada vez más difícil. Y más teniendo en cuenta que perpetuarse en el poder es una costumbre también de nuestros países vecinos, que a pocos les interesa que emerja el segundo país más grande de África y uno de los más ricos del mundo, que la Corte Penal Internacional tiene ya un buen dossier en el que aparecen elementos claves del país y que detrás del comercio de las minas algunos están haciendo fortunas y negocios multimillonarios. En el día a día se producen detenciones y arrestos arbitrarios, por ejemplo, si llevas una camiseta roja (alusión a la tarjeta roja de los partidos de fútbol referida al Presidente), o por cualquier otro motivo. En el poblado, en los dos días pasados, el partido del presidente repartió banderines, 1 $ por persona a los participantes e invitó a cerveza en el “bar” del pueblo, a cambio de reconocer la estima hacia el Presidente (con una foto).

En el Kasai Central, la ONU ya ha descubierto 23 fosas comunes. El lunes 27 de marzo, en una de ellas, aparecieron los cadáveres de dos expertos de la ONU, un americano y una sueca, y de su intérprete (quedan 3 congoleños todavía por encontrar), desaparecidos desde el 12 de marzo. Trabajaban investigando sobre la violencia y las violaciones de los derechos humanos en esa zona, de la parte de la milicia de Kamwina Nsapu y también de las fuerzas del orden. Algo parecido no se vivía desde 1978, cuando en tiempos de Mobutu masacraron en el Hotel Impala de Kolwezi a un gran grupo de extranjeros, lo que forzó la intervención de los paracaidistas del ejército francés y permitió al Gobierno obtener ayuda para combatir a los rebeldes del Shaba. Quién está detrás de estos dos asesinatos aún no se sabe, y será necesaria una investigación exhaustiva. En las dos noches pasadas han muertos al menos 2.500 personas, hay violaciones, pillajes, más de 200.000 desplazados, 39 policías fueron decapitados hace unos días… la gente que está sobre el terreno, dice que entran casa por casa y que si no tienes nada para dar a las fuerzas del orden, te acusan de colaborar con los milicianos y te matan. Ayer asesinaron a la esposa del administrador de Luebo, quemaron un convento y varias instituciones más. En el Este del país, la violencia continúa. Y en toda la R.D.Congo, el Franco Congolés baja precipitadamente (1$ = 1350 FC, hace un año 1 $ = 900 FC)  y suben los precios de los alimentos básicos, como por ejemplo, la harina (1 saco de 25 kg. = 33 $).

Me sorprendió mucho que no saliera nada en el Telediario. Lo he leído en una noticia publicada en El Mundo el 29 de marzo, en WRadio… habrá salido en algún medio más. Y me encantó un tweet de Xavier Aldekoa en el que alababa la información que desde R.D.Congo está haciendo llegar la periodista Trinidad Deiros (@TDeiros). Hay periodistas que son admirables y se juegan la vida para contar lo que muchas veces nadie más cuenta.

Hay otras noticias que son “invisibles” porque son pequeñas, cotidianas, de ese “amor artesanal” del que hablábamos una vez, pero que llenan de alegría el presente y traen la esperanza de un futuro mejor. Ayer por la mañana, todos los alumnos limpiaron la escuela y los alrededores. Lo hacen siempre antes de irse de vacaciones. Y ahí estaban: unos con cubos, otros con trapos, otros con azadas, otros con rastrillos, otros transportando agua… en un ambiente de mucha alegría y cordialidad. Por la tarde fui a la Escuela, aunque sólo hay cole por las mañanas, para recoger unos documentos, y me encontré a los niños y chicos de Primaria y Secundaria ensayando juntos con 3 profes para la fiesta que tendremos el 23 de abril. Y luego, un grupo grande de profes que pidió hace algo más de un mes poder tener clases de inglés, y se han organizado con el profe de la asignatura en colaboración con el Instituto para tener inglés dos veces por semana (4 horas en total). O esta otra… cuando venía en el autobús de Kolwezi a Lubumbashi, se subió en el último momento una señora aprovechando que quedaba una plaza libre, porque tenía urgencia de ir al médico. Subía con dos niñas, una de unos 3 años y un bebé. Y enseguida una mamá del autobús le cogió el bebé y le ayudó durante todo el viaje, sin conocerla de nada.

Hoy os he compartido una mezcla de todo, de experiencias, de sentimientos, de vivencias… con ellas va también mi oración, y os pido que nos llevéis en la vuestra.

María, Madre de Dios, Reina de la Paz, ruega por nosotros.