Archivos Mensuales: junio 2017

Prisca y el Corpus Christi

Decía Pedro Casaldáliga, en una oración muy bonita, que él se presentará ante Dios con el corazón lleno de rostros y de nombres… A veces, la Adoración Eucarística es precisamente eso, ver junto a Jesús tantos rostros y tantos nombres, tantas historias de vida, de lucha, de superación… tantas vidas ocultas y anónimas en las que, en medio de todo y pese a todo, late la esperanza. Un buen amigo, el P. Diego, decía el otro día en uno de sus tweets: “Para encontrar a Cristo es necesario que toquemos su cuerpo en el cuerpo llagado de los pobres como confirmación de la comunión sacramental”.

Prisca tiene 9 años y hace dos que no va a la escuela. Es la mayor de 5 hermanos: Jolvine tiene 7, Emélie tiene 5, Jonathan 3 y Léonard es un bebé de 2 meses. Su padre es alcohólico y después de muchos problemas, su madre ha terminado por abandonar el hogar para volver a casa de sus padres. Prisca dejó la escuela porque no tienen medios, su padre se gastó todo en el alcohol y aunque ahora él ya no está en casa, no saben cómo remontar. Su madre cultiva y Prisca, a veces, la acompaña al campo a trabajar. Ahora viven con los abuelos, y la madre y los 5 hijos tienen una pequeña habitación donde hospedarse. Prisca tiene muchas ganas de ir al cole, y su madre, por fin, se decidió a venir a ver a la Hna. Clémentine y explicarles lo que les pasa. Su madre pedía una beca, y decía que está dispuesta a trabajar en lo que sea para que su hija pueda estudiar. También le gustaría que estudiara Jolvine, que tiene que hacer 1º de Primaria, pero eso lo ve muy difícil por el dinero, y ha pensado que, al menos, estudie la mayor. La Eucaristía es ese amor tenaz, valiente, arriesgado e incansable.

Me viene el rostro de un profesor que siempre está disponible, siempre dispuesto a ayudar, siempre contento y como si no le costaran los múltiples favores y servicios. Quiere muchísimo a los niños. Hace poco le ofrecieron trabajo en una empresa minera, en la que ganaría 600 $ al mes, bastante más de lo que gana en nuestra escuela, situada en un medio rural. Vino a contármelo y me dijo: “Yo no me puedo marchar, mi vida es la escuela, no quiero dejar a los niños. Me gusta mucho mi trabajo y creo que lo más importante que puedo hacer por nuestro país es educar”. “Re-cordando”, es decir, pasando por el corazón, vidas así, comprendo el sentido profundo de la Eucaristía, que es ser pan partido para los demás.

Pienso en una mamá que tiene 6 hijos. El pequeño, Héritier, tiene un problema neurológico. A veces llora horas y horas, no les deja dormir por la noche… no puede sostener la cabeza y su crecimiento es muy complicado. Pero su madre nunca tiene una palabra de rebelión contra Dios, sino todo lo contrario. La Adoración es un momento para pedir alivio para tantos corazones y tantos hogares, para tantos dolores y preocupaciones escondidas. La Eucaristía es una escuela de acción de gracias, para quien sabe, como decía mi fundadora Alberta Giménez, “ver más allá de la corteza de las cosas”.

A veces estamos orando y, como el Hospital está cerquísima de casa, se oyen los gritos de alegría cuando nace un niño o los lamentos de duelo cuando muere alguien… todo es oportunidad para orar y llevar a tanta gente junto a Jesús. Estar enfermo aquí no es fácil, con pocos medios y con la falta de las condiciones necesarias. La Eucaristía es una escuela de estar, de permanecer, de cercanía.

En la Adoración, también me gusta pedir por mi familia, nombrando a cada uno… estos días, de manera muy especial, a Martín, que el sábado pasado hizo su Primera Comunión. Es un gran jugador de fútbol y un monaguillo como pocos. La Primera Comunión que, ojalá sea la primera de muchas que vendrán… yo le decía el otro día que no se cansará nunca porque, como les sucedía a los niños de Narnia con Aslan (el león, imagen de Cristo) cuanto más mayor se haga, más grande verá a Jesús. Sin dejar por eso de sentirle cercano y de estar tan a gusto con Él. Y para eso, como dice mi hermano, hay que conservar siempre un corazón de niño. La Eucaristía es una escuela de amor.

La Adoración es el momento en que pasan por mi corazón, de un modo especial, todos mis amigos. Vivir lejos es experimentar que existe una comunión que no conoce fronteras. Es descubrir que, en la amistad, como alguien escribió una vez, puede haber comas, pero nunca un punto final. Es aprender a disfrutar de esa caja de tesoros que es el hondón del alma en donde se guardan tantas cosas bonitas, y es respetar las pausas y los silencios porque, en latitudes diferentes, el tiempo y los acontecimientos transcurren de forma distinta. Es aprender a esperar, a acoger y a estar siempre. La Eucaristía es el alimento de la amistad verdadera: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”.

La Adoración es expresión de paz, para nuestro pueblo, la República Democrática del Congo, y para tantas naciones de la tierra: Sudán del Sur, República Centroafricana, Camerún, Níger, Siria, Yemen, Colombia, Reino Unido, España… La Eucaristía es un taller de perdón, de saber ceder, de perder, de agacharse, de humillarse, de hacerse pequeño. Porque la paz o la guerra empiezan siempre en nuestro propio corazón.

La Adoración es un momento de dejar que Jesús, el Príncipe de la Paz, serene lo que ha removido el corazón y ha hecho tal y tal momento un poco difícil. La Madre Teresa de Calcuta decía que lo mejor que podemos hacer para sentirnos bien, para encontrar nuestro lugar, es adorar.

La Adoración es estar ahí, y reconocer desde lo profundo que Dios es, y que eso basta. Que nada puede borrar la Gloria de Dios. En palabras de San Ireneo, “la gloria de Dios es el hombre vivo, y la vida del hombre es la visión de Dios”. El Verbo se hizo carne. Desde entonces, como decía Ortega y Gasset, ser humano es lo más grande que se puede ser… las vidas de Sus pequeñitos son hermosas a los ojos de Jesús. Y Jesús se hizo Pan. Desde entonces, la Eucaristía es el alimento más precioso que podemos recibir.

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En el corazón de nuestro pueblo late la esperanza

El señor que veis ahí, en la foto, va a vender carbón. La fabricación es un proceso que lleva varios días y que requiere mucho esfuerzo físico y sacrificios: cortar la leña, montar el horno, vigilar el fuego… con frecuencia, quienes fabrican carbón se quedan varios días en la selva hasta que está listo para meterlo en los sacos. Después, y esto lleva unos cuantos días más, cargan los sacos en sus bicicletas y, cargados como mulos, empujan las bicis desde nuestro poblado, Kanzenze, a la vecina ciudad de Kolwezi (56 km.) para vender cada saco a 3 €. Es decir, si miráis bien la foto, por toda esa carga, este señor recibirá unos 35 €.

Hace unos años, perdimos a un alumno de 3º Secundaria en nuestro Instituto de Kafakumba porque le explotó, literalmente, el corazón. Era el tiempo de vacaciones de verano, y trabajaba transportando carbón a grandes distancias para pagarse los estudios. Esos viajes empujando la bicicleta son agotadores: por el esfuerzo físico, por el calor, por la falta de una alimentación adecuada… la población no está dispuesta a seguir viviendo así.

Los políticos de la Oposición ya han abandonado las discusiones sobre el Acuerdo de San Silvestre del 31 de diciembre de 2016, que evitó que el país sucumbiera a un caos total, al final (teórico) del mandato del Presidente Kabila. Fue gracias a la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) aunque ahora el Presidente no se ahorre críticas, más o menos solapadas, contra ella, como en la reciente entrevista publicada por Der Spiegel. Él sigue en el poder desde entonces y poco, por no decir nada, se ha cumplido ni respetado. En la entrevista decía que él no había prometido nada, y es que no hay nada que prometer: la Constitución, votada por la inmensa mayoría de los congoleños, exige la alternancia en el poder. Nadie quiere una dictadura (menos los que viven del sistema a costa de los demás). Por eso ahora vuelve la presión. El pueblo tiene, literalmente, hambre. Hay más de 1.000.000 de desplazados. Ir a la escuela es un lujo, y curarse también. La moneda nacional se devalúa y el poder adquisitivo de la gente es cada vez menor. La Oposición pide elecciones. La comunidad internacional ha repartido sanciones a un círculo directamente ligado al presidente (ministros, el jefe de su Guardia y otros “allegados”) y la ONU ha pedido una investigación internacional sobre las matanzas de Kasai, las 40 fosas comunes (aunque se cree que hay muchas más) y el asesinato de sus dos expertos. Miles de presos se han escapado de distintas cárceles del país. El principal opositor, Moïse Katumbi, sigue haciendo presión para volver de un exilio forzado.

El abanico de posibilidades es amplio. Unos piensan que, ante la presión popular e internacional, el Presidente acabará marchándose. Entre ellos, hay quienes creen que Katumbi volverá y liderará la carrera hacia las elecciones de diciembre. Algunos analistas internacionales hablan del peligro de una guerra civil, como sucedió en 2013 (y continúa) en Sudán del Sur. Otros creen que la R.D.C. será una réplica de las dictaduras de otros países vecinos, como Ruanda o Zimbabwe.

Pero… en el corazón de nuestro pueblo late la esperanza. He aquí un signo: hoy, delante de mí, en Misa, había una joven mamá de 4 hijos. El marido la dejó. Ella trabaja en el Hospital y gana 52 € al mes. Con ese salario, y sus esfuerzos aquí y allá, todos sus hijos en edad escolar van al cole, y los lleva siempre muy limpios y aseados. Y ahorra dinero para que al menos puedan comer pollo una vez al mes. Dice que es un momento especial y que los niños disfrutan muchísimo. Y son muchos más los congoleños que dan la vida por los suyos y por los demás que los que actúan como sanguijuelas a costa de lo que sea, abandonando al pueblo a su suerte. En los avisos parroquiales, se ha hablado del robo de cable de cobre, porque cada dos por tres estamos sin luz. El Estado no cumple sus obligaciones, la población no es protegida… pero la gente se organiza, y hoy va un grupo de la parroquia a trabajar para arreglar el problema de la luz. Y todos van a contribuir con una pequeña aportación económica. En un reciente artículo publicado en Africa Times, Arnaud Gallet decía que en la R.D. del Congo la corrupción es endémica. No lo niego, pero la solidaridad también lo es. Como dice Xavier Aldekoa en Hijos del Nilo:

“Cuando no hay ley, cuando la policía no llega y el Estado se desentiende, es la propia comunidad la que te protege. Es el vecino quien vigila tu espalda, quien te ayuda a interpretar y a responder a las situaciones. Por eso es importante tejer una red de confianza allá donde vas. Cuanto más riesgo, mayor es la necesidad. Y, aunque parezca un milagro, en esas situaciones donde el desamparo es máximo, también aumenta la generosidad. En África, donde demasiadas sociedades sobreviven sin infraestructuras de Estado, la comunidad es el refugio y el salvavidas”.

Queremos la paz. Queremos un presente y un futuro mejor. Y lo que está en juego en la República Democrática del Congo es la dignidad de los hijos de Dios y una existencia verdaderamente humana para casi 80 millones de personas.

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¡Hola, amigos!

¿Cómo va todo?

Hoy estoy en la ciudad, en Kolwezi… un día diferente en medio del ajetreo del fin de curso. Y, de pronto, un encuentro de esos inesperados que alegran el corazón. Iba por la ciudad, y ha venido hacia mí corriendo John, para darme un inmenso abrazo. John cursa 3º de Primaria (aunque este año ha perdido el curso por enfermedad) y vive en un centro de acogida de menores, dirigido por el P. Damien, franciscano. Lo conozco de verlo por la ciudad, de contarnos cosas y hablar, y porque el año pasado los chicos del Centro y nuestros alumnos jugaron un partido de fútbol en Kanzenze y luego compartieron una sencilla comida, en medio de un ambiente muy sencillo y alegre (la foto es del año pasado, pero John ¡ha crecido muchísimo!). Nos hemos sentado un rato los dos a contarnos cómo nos van las cosas y luego le he invitado a unos buñuelos y a una Fanta, que es lo que le hacía ilusión.

El de hoy es un encuentro de esos que le recuerdan a una la belleza y el inmenso don de vivir aquí y de entregar la vida entera por Sus pequeñitos, a quienes Jesús se revela y a quienes muestra los “secretos” del Reino. Es eso que dice el Papa, que si sólo con nuestra vida hemos ayudado a una persona a vivir mejor, ya ha valido la pena. Encuentros que alegran el corazón y hacen más bonita la vida humana.

Y… cuando ya se iba, ha vuelto otra vez, para otro abrazo. Y se ha ido tan feliz.