Lo escribo con dolor

Se ha publicado esta semana el vídeo del brutal asesinato de los dos expertos de la ONU, Michel Sharp y Zaida Catalán, desaparecidos el 12 de marzo. El crimen tuvo lugar mientras investigaban acerca de las fosas comunes en la provincia de Kasai Central, que ya alcanzan el número de 40, con muertos entre agosto de 2016 y abril de 2017. No deja de ser sorprendente que en medio de las voces que se alzan para abrir una investigación internacional, aparezca un vídeo, cuyo origen se desconoce, en el que está filmada con todo detalle la muerte de estos dos miembros de Naciones Unidas. ¿Cuál es el móvil que está detrás de todo esto?

El 2 de junio de 2010 fue asesinado, en Kinshasa, Floribert Chebeya, activista congoleño, presidente y fundador de la “Voz de los sin-voz”. ¿Por qué fue asesinado?

El 30 de marzo de 2016, fue asesinado en el Kivu Norte el P.Machozi Karunzu, que investigaba matanzas en el Congo y que era director de la página web www.benilubero.com. Había sido amenazado varias veces desde su regreso al país en 2012, después de unos años en Estados Unidos. ¿Quién ordenó su muerte?

El 14 de abril de 2017 ha sido asesinado Gildo Byamungu, un médico ginecólogo y cercano colaborador del Dr. Mukwege. Había colaborado en un documental de 2015 que narra las violencias hechas a las mujeres por parte de fuerzas armadas y grupos militares. No se sabe quién ha sido. Pero sí se sabe todo los intereses que hay en la zona Este del país, y que algunos se enriquecen a costa de la vida de muchos más.

Y luego están las muertes cotidianas y totalmente invisibles: las de la gente en las minas artesanales, las del conflicto en la frontera Este del país, las de las mujeres violadas, las de los manifestantes y opositores. Las del hambre desgarradora. Las de la falta de educación y acceso a la salud.

Intereses creados. Negocios multimillonarios. Ambiciones desmesuradas.

El cardenal Laurent Mosengwo, arzobispo de Kinshasa, dijo en su reciente homilía de Pascua: “Pueblo congoleño, nos sentimos como si fuéramos un grano tirado por tierra; somos ignorados,  abofeteados, pisoteados. Vivimos en el país un tiempo de confusión, de oscuridad, de desesperanza”.

Hay muchas preguntas y con ellas, las muertes de Michel Sharp, Zaida Catalán, Floribert Chebeya, Machozi Karunzu, Gildo Byamungu, y las de miles de congoleños, corren el riesgo de quedar impunes.

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