Archivos Mensuales: marzo 2017

Pinceladas de un mes en España

¡Hola, amigos!

A punto de regresar a la R.D.Congo, os cuento un poco lo que ha sido este mes en España. Un mes de regalos, de encuentros, de amistad, de trabajos… de tesoros que me llevo en lo profundo del corazón.

Vine invitada por Manos Unidas para participar en el encuentro europeo de UMOFC (Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas) que tuvo lugar en Madrid del 17 al 20 de marzo. Se trata de una asociación que reúne a 100 colectivos femeninos católicos en 66 países del mundo. Fue fundada en 1910 con el objetivo de “promover la presencia, participación y corresponsabilidad de las mujeres católicas en la sociedad y en la Iglesia, para que puedan cumplir con su misión evangelizadora y trabajar por el desarrollo de los pueblos, particularmente aumentando las oportunidades de educación, reduciendo la pobreza y la promoción de los derechos humanos, empezando con el derecho fundamental a la vida”. El encuentro ha contado con la participación de 40 mujeres procedentes de diversos puntos de España, Francia, Inglaterra, Gales e Italia y ha girado en torno al tema “Mujeres de la UMOFC, por la honestidad y la justicia”. Han sido unos días muy intensos de trabajo, de intercambio, de experiencias, de apertura y de fe.

La estancia en España me ha brindado también la posibilidad de trabajar con Manos Unidas en diversos proyectos de desarrollo, en el campo educativo y en el terreno de los Derechos Humanos. El lunes 13 de marzo pude ofrecer una conferencia sobre el gran desafío que supone la transición de la mina artesanal a la industrial en la República Democrática del Congo, y con un debate posterior muy interesante y enriquecedor.

Otros encuentros han sido con la Fundación Mainel de Valencia, con la ONG Africa Directo, con la ONG Misión América, con las Obras Misionales Pontificias (OMP), con la Fundación Telefónica (ProFuturo), con Canal Voluntarios (Canal Isabel II) y con la Fundación Pájaro Azul, organizaciones que nos ayudan con proyectos de desarrollo en el campo educativo, de promoción de la mujer y de desarrollo rural. Y también he podido colaborar con algunos medios de comunicación, tales como la Revista “Misioneros”, Editorial Mundo Negro, Radio María y Paraula.

 

Y luego encuentros con colaboradores, donantes, amigos, familia, hermanas de Congregación… el estar juntos, compartir una comida o una cena, la Eucaristía, la Adoración, un paseo…

Algo que me hizo especial ilusión fue asistir al ensayo de la Coral Iter para el Concierto que tendrá lugar el 7 de abril a las 20:30 h, a beneficio de Manos Unidas, en la Basílica de la Concepción de Nuestra Señora (C./Goya, 26 28001 Madrid). En esta ocasión , la Coral Iter volverá a interpretar el Requiem compuesto por su director.

Tampoco podía faltar el descubrimiento de temas nuevos, como un curso de iniciación al arameo dirigido por mi amigo y teólogo musulmán Abdelmumin Haya y ofrecido por plataforma digital desde una universidad argentina, o la lectura de Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio de Dietrich Bonhoeffer, o el descubrimiento de un nuevo latir en experiencias piloto de misión inter-congregacional, mixta y compartida, como la del Hogar de Loja… en el fondo, un horizonte invitando siempre a más, como el corazón de Dios.

Un mes muy rico e intenso, por el que doy muchas gracias a Dios. Y ahora… preparándome para regresar al Congo y a nuestro pequeño poblado de Kanzenze. Estamos en un momento crucial por los desafíos políticos y sociales que tienen que terminar de perfilarse en este mes de marzo. Aún no tenemos nombrado el Gobierno de transición, esperamos la repatriación del cadáver de Tshisekedi (principal líder de la Oposición fallecido en Bélgica)… hay mucha expectación, interrogantes… y también mucha lucha por la vida en unas condiciones dificilísimas. Pero a mí me honra y me parece bellísimo permanecer junto a nuestro pueblo en un momento así. Como dice Bonhoeffer en su poema “Amigo”:

“(…) La flor más valiosa y singular,

(…) es el amigo para el amigo (…)

Lejos o cerca,

en la dicha o en la desdicha,

el uno reconoce en el otro

al fiel compañero que ayuda

a ser libre y humano (…)”.

Un abrazo a todos y mi oración,

ushindi

Sin dejar de soñar

Nos conocimos en mayo del año pasado, a raíz de una avería en la carretera (que dio lugar a mi post “Tres en la carretera”). Desde entonces, nos hicimos amigos, y siempre que puedo, cuando vengo a Lubumbashi, voy a verles.

Se trata de la familia de Magui (Mado) y de su esposo Elie, que tienen ocho hijos: Georges (Jo), Regine (13 años), Vicky (de 12 años), Etienne (10 años, y que sueña con ser aviador), Dorcas (de 8 años), Tutu (5 años), Suzanna (de 3 años) y Jef (de 1 año).

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Ayer me acompañó Lucien, un amigo que es ingeniero electricista, y que pudo conseguir un coche de alquiler a muy buen precio. Viven en el kilómetro 53 (ésa es la distancia con respecto a Lubumbashi). Mucha gente que no puede permitirse vivir en la ciudad, se ha ido instalando en las afueras. Sin luz ni agua (la fuente más próxima está a 4 kilómetros) y en unas condiciones muy, muy precarias, pero consiguen salir adelante, la mayoría de las veces vendiendo carbón vegetal a los camiones y vehículos que pasan, y también cacahuetes y buñuelos.

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Tenía mucha ilusión por verles. Además, les llevábamos 20 toldos de lata para la casa que se están construyendo, y que hemos podido comprar gracias a un donante de Gandía que envió 100 € (eso sirvió para comprar 10 toldos). Mi amigo Lucien les compró otros 10 toldos con lo que hay ido ahorrando en familia. Además de los toldos, había comprado 2 bolsas de pan de molde, 4 kilos de arroz y dos pollos.

Con una ayuda de 400 $ de Barcelona, Madrid y Bilbao, la familia de Magui y Elie empezado un pequeño negocio el año pasado. Compraban productos básicos en Kasumbalesa – en la frontera con Zambia, y los revendían. Con lo poco que iban sacando, consiguieron escolarizar en el 2016-2017 a sus hijos Georges, Regine y Vicky, y esperaban poder enviar pronto a la Escuela a Etienne y a Dorcas. Y también podían comer dos veces al día. Pero los disturbios políticos les dificultaron las cosas porque en esa zona de la frontera hubo muchos pillajes a camiones y perdieron parte de su mercancía. Con todo, no sólo seguían adelante, sino que empezaron a fabricar ellos mismos un horno de ladrillos de adobe para mejorar su casa.

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Elie es policía, pero el Estado lleva años sin pagarle. Su única esperanza es la transición política con la que quizás lleguen tiempos mejores. Magui cultiva y fabrica carbón, tarea en la que le ayuda su hijo mayor, que es ya todo un experto.

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Al llegar, me llamó mucho la atención que todos los niños estuvieran en casa. Y también me llamó la atención que Magui no saliera a saludarnos tan rápidamente como de costumbre ni con su alegría habitual. Pero cuando entré en la casa, comprendí. Magui estaba muy enferma, con malaria y fiebres tifoideas. Ha estado varios días entre la vida y la muerte y, aunque la llevaron al Hospital, ha suspendido el tratamiento por falta de medios. Ahora está en casa con una salud muy precaria. Además, el padre de Elie se puso enfermo y murió, y con lo poco que tienen tuvieron que ayudar a la familia. El resultado es que los niños tuvieron que dejar la Escuela. No sólo eso… comen una vez al día: bukari (bola de mandioca y maíz), y sólo alguna vez con verduras, cuando pueden… pescado y carne, ¡imposible!, un sueño. Los padres se sacrifican por sus hijos y tanto Elie como Magui llevaban dos días sin probar bocado. La situación es insostenible. Mi amigo Lucien me prometió que volvería hoy para que Magui pueda ir al Hospital. Lucien no tiene excesivos medios, pero tiene un corazón muy compasivo porque el mismo vivió en una gran pobreza durante su infancia y juventud. Dice que es lo que es gracias a la Iglesia Católica, a los Salesianos. Y sabe lo que se vive.

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Este año, desde octubre, estoy haciendo los Ejercicios Espirituales en la Vida Ordinaria. Precisamente ahora estoy en las contemplaciones de la Pasión de Jesús. Y me pareció ayer que era vivirla en toda su verdad y realismo. Como le hizo sentir Jesús a Kike Figaredo S.J.: “me encontrarás en las personas”.

Con 1.000 $ podrían retomar su negocio de compra-venta, y eso les permitiría de nuevo escolarizar a los niños… eso ya para el mes de septiembre de 2017 (curso 2017-2018). Y con otra ayuda podrían disponer de un panel solar con una pequeña batería que podría darles energía. Pero todavía hay algo que sería mucho mejor, no sólo para ellos, sino para todas las familias de la zona. En los alrededores puede haber unos 100 hogares, dispersados por aquí y por allá… lo que significa unas 800 personas. Sería fantástico hacer un pozo de excavación profesional, a unos 60/80 metros de profundidad. No hay luz, pero con un grupo de gasolina, en unos 20 minutos al día se podría llenar un depósito de 5.000 litros. Hasta ahora, el agua de la fuente que está a 4 kilómetros se vende a 250 FC por bidón de 20 litros (120 litros = 1 $). De tener un pozo de excavación profesional (aquí no hay agua a poco nivel, como en nuestro poblado), la gente tendría agua sin desplazarse, y además a un precio mucho menor: 100 FC por bidón, que ayudaría a los gastos diarios de carburante y al mantenimiento del pozo y el uso del cloro para purificar el agua, además de algún pequeño beneficio para Elie, encargado de tener siempre el pozo a punto. Con el ingeniero electricista, y basándonos en experiencias previas y en otros proyectos, estimamos (con bastante precisión) que el proyecto tendría un coste de 10.000 €. En cuanto hay agua, cambia totalmente la vida de la gente: mejoran la salud y la higiene, se puede cultivar, se puede hacer cría de animales y ¡mil cosas! Y atrae a la gente y hace los poblado mejores y más estructurados. El agua es vida.

A mí que me gusta tanto compartir, escribir… ayer no me salían las palabras. Incapaz de escribir una línea. Sólo me salía rezar. Pero hoy, después de la Eucaristía, ¡ya estoy soñando de nuevo! Soñando esos sueños que se hacen realidad y que mejoran la vida de tanta gente.