Archivos Mensuales: enero 2017

DONALD TRUMP O “PUENTES, Y NO MUROS”

Me ha impresionado tanto la política de Donald Trump con respecto a los inmigrantes que he decidido compartir con vosotros algunos retazos de mi historia personal.

Soy española y, desde 2009, vivo en la República Democrática del Congo, en un pequeño poblado llamado Kanzenze, en Lualaba, provincia al sur del país. Mis padres son españoles, pero mi primer apellido es francés porque, aunque mi bisabuelo paterno nació en Italia, su familia tenía origen francés. Y eran oriundos de Bohemia. Nuestra tatarabuela era irlandesa. Recuerdo a papá cuando nos contaba que ella llegó a España con motivo de la persecución contra los católicos. Haciendo marcha atrás, parece que uno de nuestros antepasados tomó parte en la Revolución de Haití en favor de población negra en el s.XVIII.

Soy la pequeña de una familia de tres hermanos y dos hermanas. Mis padres pensaban que era bueno que aprendiéramos idiomas, así es que desde que tuvimos la edad de 11 o 12 años, empezaron a enviarnos a distintos países durante las vacaciones de verano. Recuerdo la primera vez en que mis tres hermanos fueron a Estados Unidos, para una estancia de dos meses. Iban a familias que no conocíamos. Yo tenía entonces 9 años, y recuerdo a papá hablándonos de los Estados Unidos. Nos dijo que eran una gran Nación porque habían acogido a todo el mundo. Papá nos contaba que durante la II Guerra Mundial habían acogido a muchos judíos y a otras personas que huían de Hitler. Esto no es el final de la historia. Uno de mis hermanos fue enviado a una familia americana procedente de la India. Era la primera vez que uno de nosotros iba a vivir en un contexto tan distinto… y recuerdo las palabras de mamá: tanto si son cristianos como si no… tanto si viven como nosotros como si no… sólo te pido una cosa, sé para ellos un hijo. Estuvieron muy contentos con mi hermano por lo que, algunos meses más tarde, fueron a Mallorca (donde vivíamos por aquel entonces) para visitarnos. Lo primero que me llamó la atención es que, al entrar en casa, se quitaron los zapatos. Tengo que confesar que mi idea de América se mezclaba con las hamburguesas, las películas y otros estereotipos, y que descubrí que uno podía ser americano – del mismo modo en que podemos ser seres humanos, de modos muy diversos.

Estudiando la Historia de América, pronto me percaté de que los Estados Unidos se han construido, en gran medida, gracias a millones de inmigrantes procedentes de diversos países. Como dijo el Presidente Kennedy:

“Creo en unos Estados Unidos donde la intolerancia religiosa termine algún día; donde se trate por igual a todos los hombres y a todas las iglesias; donde todos los hombres tengan el mismo derecho de asistir o no asistir a la iglesia de su elección; donde no haya un voto católico, ni un voto anticatólico, ni ningún bloque de voto de ninguna clase; y donde católicos, protestantes y judíos, tanto en el ámbito laico como en el pastoral, se abstengan de demostrar aquellas actitudes de desdén y división que con tanta frecuencia han obstaculizado sus obras en el pasado y, en cambio, promuevan el ideal estadounidense de hermandad”.

Por eso me entristece tanto hoy la política de Donald Trump.

Quisiera subrayar dos episodios de la historia americana. Durante la segregación racial, que es uno de los acontecimientos más tristes en la historia de la Nación, mucha gente cometió horrendos crímenes e injusticias. Pero muchos americanos lucharon por la libertad. Y donde vivo ahora, en la República Democrática del Congo, la política americana está fomentando en parte la explotación y la corrupción en el negocio de las minas… pero la otra cara de la moneda es que muchos otros están trabajando por un sistema más justo. Con estos dos ejemplos, y podría haber usado muchos otros, lo que quiero decir es que no soy pro-americana a ciegas. Pero no podemos olvidar lo que dijo el Papa Francisco en el Congreso de Estados Unidos en septiembre de 2015:

“En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes (…) Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más justo y noble posible, mientras formamos a las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los “vecinos”, a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiariedad, dando lo mejor de nosotros”.

Durante una de mis estancias en Irlanda, tuve la suerte de vivir con una señora mayor que era hija de uno de aquellos que capitanearon el movimiento de independencia de Irlanda tras el Levantamiento de Pascua de 1916. Si habéis visto la película El viento que agita la cebada, os podéis hacer una idea de los doloroso del proceso. Recuerdo una noche, alrededor del fuego, tomando una taza de té. Estábamos hablando de una reciente visita que habíamos hecho juntas a distintos lugares históricos, en particular a la cárcel donde fueron ejecutados los rebeldes y también a algunas colinas donde fueron asesinados. De pronto, empezó a hablarme de sus nietos, y yo pensé que, simplemente, quería cambiar de tema. En lugar de eso, lo que me dijo es que estaba agradecida a Gran Bretaña por lo que le estaba dando a sus nietos. Durante los difíciles años de la crisis económica en Irlanda, algunos de ellos habían abandonado el país en busca de una vida mejor. Y al final de todo, me ofreció su conclusión: “No podemos vivir con miedo ni odio en el corazón, tenemos que ser capaces de vivir juntos en este mundo”.

Creo que Donald Trump debería reflexionar acerca de la Historia de América, de su presente y de su futuro. Como está escrito en la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776):

“todos los hombres son creados iguales (…) han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables (…) entre éstos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”.

Espero que lo haga antes de que sea demasiado tarde.


I am so deeply impressed by Donald Trump’s policy concerning immigrants that I have decided to share with you some pieces of my personal history.

I am Spanish, and I live in the Democratic Republic of Congo since 2009, in a small village called Kanzenze, in the Southern province of Lualaba. My parents are both Spanish, but my middle name is French because although my great-grandfather was born in Italy, his family was from France. And they had Bohemian origins. Our great-great-grandmother was Irish. I remember my Dad telling us that she arrived in Spain because of the persecution against Catholics. Taking a step back, it seems that one of our ancestors took part in the Haitian revolution in favor of black people in the 18th century.

I am the youngest in a family of three brothers and two sisters. My parents thought that it was good for us to learn languages, so since we were eleven or twelve they would send us to different countries during the summer holidays. I remember when my three brothers went to the US for the first time, for a two-months stay. They were sent to families we did not know. I was 9-years-old, and I remember my Dad talking us about the Unites States. He told us that they were a great Nation because they had welcomed everybody. Dad told us that during II World War, they had taken in many Jewish people and many others running away from Hitler. This is not the end of the story. One of my brothers was sent to an American family from Indian origin. It was the very first time one of us was going to live in such a different context… and I remember my Mum’s words: whether they are Christian or not, whether they live like we do or not… I only ask you one thing, which is to be for them a son. They were really happy with my brother so, some months later, they came to Majorca (where we were living at the moment) to visit us. The first thing that surprised us is that, when entering home, they took off their shoes. I have to confess that I thought of America mixed with hamburgers, films and other commonplaces, and that I discovered that you could be American – as we can be human beings, in many different ways.

When studying the American History, I soon realized that the United States have been built, to a great extent, thanks to millions of immigrants coming from different places. As President Kennedy said:

“I believe in an America where religious intolerance will someday end, where all men and all churches are treated as equals, where every man has the same right to attend or not attend the church of his choice, where there is no Catholic vote, no-anti-Catholic vote, no bloc voting of any kind, and where Catholics, Protestants and Jews, at both the lay and the pastoral levels, will refrain from those attitudes of disdain and division which have so often marred their works in the past, and promote instead the American ideal of brotherhood”.

This is why I am so sad today when I learn about Donald Trump’s policy.

I would like to underline two facts from American history. During the racial segregation, which is one of the saddest episodes in the history of the Nation, many people committed huge crimes and injustices. But many Americans fought in favor of freedom. And where I am living in now, American policy involved in the mining business in the Democratic Republic of Congo is partly encouraging exploitation and corruption… but, on the other side of the coin, many others are working for a fairer system. With these two examples, and I could have used many others, I want to say that I am not pro-American in a blind way. But we cannot forget what Pope Francis said to the American Congress in September 2015:

“In recent centuries, millions of people came to this land to pursue their dream of building a future in freedom. We, the people of this continent, are not fearful of foreigners, because most of us were once foreigners. I say this to you as the son of immigrants, knowing that so many of you are also descended from immigrants (…) We must resolve now to live as nobly and as justly as possible, as we educate new generations not to turn their back on our ‘neighbors’ and everything around us. Building a nation calls us to recognize that we must constantly relate to others, rejecting a mindset of hostility in order to adopt one of reciprocal subsidiarity, in a constant effort to do our best”.

During one of my stays in Ireland, I had the chance to stay with an old lady who was daughter of one of those who led the Irish independence movement after the Easter Rising in 1916. If you have seen the film The Wind that Shakes the Barley you can make yourself an idea of the painfulness of that process. I remember one night, around the fire, with a cup of tea, we were talking about a recent visit we had made together to visit the different places concerning history, specially the jail were the rebels were executed and also some hills where they were killed. Suddenly, she began to talk about her grandchildren, and I thought she just wanted to change subject. Instead, she told me that she was grateful for the possibilities that Great Britain was giving to her grandchildren. During the difficult years of the economic Irish crisis, some of them had left the country in search for a better life. And after all, she offered me her conclusion: “We can’t live with fear or hate in our hearts, we must be able to live together in this world”.

I think that Donald Trump should better reflect on American History, on its present and future. As it is stated in the Declaration of Independence (4th July 1776):

“all men are created equal (…) they are endowed by their Creator with certain unalienable rights (…) among these are life, liberty and the pursuit of happiness”.

 I hope so before it is too late.

DONALD TRUMP OR “BRIDGES AND NOT WALLS”

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I am so deeply impressed by Donald Trump’s policy concerning immigrants that I have decided to share with you some pieces of my personal history.

I am Spanish, and I live in the Democratic Republic of Congo since 2009, in a small village called Kanzenze, in the Southern province of Lualaba. My parents are both Spanish, but my middle name is French because although my great-grandfather was born in Italy, his family was from France. And they had Bohemian origins. Our great-great-grandmother was Irish. I remember my Dad telling us that she arrived in Spain because of the persecution against Catholics. Taking a step back, it seems that one of our ancestors took part in the Haitian revolution in favor of black people in the 18th century.

I am the youngest in a family of three brothers and two sisters. My parents thought that it was good for us to learn languages, so since we were eleven or twelve they would send us to different countries during the summer holidays. I remember when my three brothers went to the US for the first time, for a two-months stay. They were sent to families we did not know. I was 9-years-old, and I remember my Dad talking us about the Unites States. He told us that they were a great Nation because they had welcomed everybody. Dad told us that during II World War, they had taken in many Jewish people and many others running away from Hitler. This is not the end of the story. One of my brothers was sent to an American family from Indian origin. It was the very first time one of us was going to live in such a different context… and I remember my Mum’s words: whether they are Christian or not, whether they live like we do or not… I only ask you one thing, which is to be for them a son. They were really happy with my brother so, some months later, they came to Majorca (where we were living at the moment) to visit us. The first thing that surprised us is that, when entering home, they took off their shoes. I have to confess that I thought of America mixed with hamburgers, films and other commonplaces, and that I discovered that you could be American – as we can be human beings, in many different ways.

When studying the American History, I soon realized that the United States have been built, to a great extent, thanks to millions of immigrants coming from different places. As President Kennedy said:

“I believe in an America where religious intolerance will someday end, where all men and all churches are treated as equals, where every man has the same right to attend or not attend the church of his choice, where there is no Catholic vote, no-anti-Catholic vote, no bloc voting of any kind, and where Catholics, Protestants and Jews, at both the lay and the pastoral levels, will refrain from those attitudes of disdain and division which have so often marred their works in the past, and promote instead the American ideal of brotherhood”.

This is why I am so sad today when I learn about Donald Trump’s policy.

I would like to underline two facts from American history. During the racial segregation, which is one of the saddest episodes in the history of the Nation, many people committed huge crimes and injustices. But many Americans fought in favor of freedom. And where I am living in now, American policy involved in the mining business in the Democratic Republic of Congo is partly encouraging exploitation and corruption… but, on the other side of the coin, many others are working for a fairer system. With these two examples, and I could have used many others, I want to say that I am not pro-American in a blind way. But we cannot forget what Pope Francis said to the American Congress in September 2015:

“In recent centuries, millions of people came to this land to pursue their dream of building a future in freedom. We, the people of this continent, are not fearful of foreigners, because most of us were once foreigners. I say this to you as the son of immigrants, knowing that so many of you are also descended from immigrants (…) We must resolve now to live as nobly and as justly as possible, as we educate new generations not to turn their back on our ‘neighbors’ and everything around us. Building a nation calls us to recognize that we must constantly relate to others, rejecting a mindset of hostility in order to adopt one of reciprocal subsidiarity, in a constant effort to do our best”.

During one of my stays in Ireland, I had the chance to stay with an old lady who was daughter of one of those who led the Irish independence movement after the Easter Rising in 1916. If you have seen the film The Wind that Shakes the Barley you can make yourself an idea of the painfulness of that process. I remember one night, around the fire, with a cup of tea, we were talking about a recent visit we had made together to visit the different places concerning history, specially the jail were the rebels were executed and also some hills where they were killed. Suddenly, she began to talk about her grandchildren, and I thought she just wanted to change subject. Instead, she told me that she was grateful for the possibilities that Great Britain was giving to her grandchildren. During the difficult years of the economic Irish crisis, some of them had left the country in search for a better life. And after all, she offered me her conclusion: “We can’t live with fear or hate in our hearts, we must be able to live together in this world”.

I think that Donald Trump should better reflect on American History, on its present and future. As it is stated in the Declaration of Independence (4th July 1776):

“all men are created equal (…) they are endowed by their Creator with certain unalienable rights, that among these are life, liberty and the pursuit of happiness”.

 I hope so before it is too late.

Myriam

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Myriam llegó a las 16h de la tarde del día 13 de enero a nuestra Comunidad. Sin aún 3 meses de vida, la traía su abuela. Proceden de un poblado muy pobre, a 15 km. de la frontera con Zambia. Myriam nació el 27 de octubre de 2016, y su madre, de 14 años, murió en diciembre de malaria y fiebres tifoideas. Era alumna en la escuela secundaria y alguien la dejó embarazada, pero ella nunca le citó. La abuela se ha hecho cargo de la niña y, como no tienen medios, pensó en llegar hasta Kanzenze, porque aquí tiene parte de la familia, para ver si les pueden ayudar. Pero la familia de aquí es muy, muy pobre y con muchos problemas. A veces Myriam lloraba desconsoladamente, y entonces la abuela le acercaba su pecho seco para calmarla, aunque no saliera ni una gota de leche. Además, Myriam llegó con el vientre muy hinchado, porque cuando podían le daban biberones de leche en polvo normal – que la abuela había conseguido pidiendo aquí y allá –, o hervido de harina, y eso le ha provocado una infección de la que está siendo tratada en el hospital. La abuela es una mujer fuerte que ni siquiera se ha podido permitir llorar la muerte de su hija, porque se encontró con Myriam en sus brazos. Cuando vino, a la niña alguien le había dado un nombre de chico, Abram. Entonces nos pidió que le cambiáramos nosotras el nombre. Y le pusimos “Myriam”.

La historia me recuerda a la escena final de Las uvas de la ira, una impresionante novela de John Steinbeck que narra las dificultades de la crisis económica tras la Gran Depresión en los Estados Unidos en 1929 y el forzado proceso de emigración de muchos campesinos a California en busca de unas mejores condiciones de vida. O a aquella noticia de unos emigrantes subsaharianos que sobrevivieron en una patera, cruzando el Mediterráneo, después de tirar a los muertos al mar. Y uno de ellos, un hombre, desesperado por el hambre, se agarró al pecho de una mujer que acababa de perder a su bebé, intentando conseguir su leche para sobrevivir.

Demasiado impresionante para ser real. Y sin embargo lo es. La realidad supera a la ficción. Y no podemos mirar hacia otro lado, porque estas cosas están pasando aquí, ahora, en este momento. Este es el mundo que Jesús mira hoy. Un mundo que, como dice el Papa, no se ve igual desde el centro que desde las periferias. Pero formamos todos un mismo cuerpo, y lo recordamos cuando rezamos: “Padre Nuestro… danos hoy nuestro pan de cada día…”.

Myriam es una pequeñita encantadora a la que le gusta pasar de brazos a brazos. Como para recibir el cariño, el afecto y el amor que pueden ayudar a sanar tanto dolor. Porque, como dice Dostoievsky en El Idiota, sólo esa belleza salva al mundo.

Myriam necesita:

CONCEPTO PRECIO UNIDADES TOTAL
Leche de los 3 a los 6 meses 8 $ por bote 2 botes al mes = 6 botes 48 $
Leche de los 6 meses a 1 año 8 $ por bote 2 botes al mes = 12 botes 96 $
Biberón 5 $ 4 20 $
Jabón en polvo 13 $ 2 sacos 26 $
Bañera y complementos 20 $   20 $
Ropa de bebé 60 $   60 $
Ayuda a la abuela 150 $   150 $
TOTAL GENERAL   420 $

Tenemos ya 100 $. Nos faltan 320 $.

Como el € y el $ fluctúan, pueden considerarlos por valor equivalente.

Si quieren, pueden hacer el donativo al siguiente número de cuenta de la CONGREGACIÓN PUREZA DE MARÍA MISIONES:

IBAN: ES94 0075 0430 1506 0024 8960

BIC: POPUESMM

NIB: 0075 0430 15060024896 0

Cuando hagan el donativo pongan en concepto DON UZIMA MYRIAM. No se olviden de notificar la procedencia y la cantidad a esta dirección de correo: vbraquehais@gmail.com. Si quieren que su donativo les desgrave en la Declaración de la Renta, pueden escribir a pmariaadgral@planalfa.es.

¡GRACIAS!

AÑO NUEVO EN R.D. CONGO: “Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres”

¡Hola a todos!

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Quiero agradeceros muchísimo vuestro interés, vuestra oración… Como Diego, el hijo de una amiga, que todas las noches le decía a su madre, al hacer sus oraciones: “Mamá, ¿sabemos si están en paz? ¿Han firmado?”.

La oración lo puede todo, y además consuela el corazón, nos hace sentir la cercanía de los amigos y nos lleva a la certeza profunda de que podemos esperar y de que no seremos defraudados. La oración nos hace sentir con Simeón y Ana como toda la vida se ilumina y como se puede mirar siempre hacia delante. En el corazón de Jesús, experimentamos que todo pasó, pasa y pasará según su promesa y amor. La figura de Ana me impresiona mucho. En este contexto, y yo creo que el tiempo de Jesús era parecido, una mujer viuda es marginada. Como Ana entonces. Estuvo casada 7 años, y no se nos dice que tuviera hijos… es decir, todos los elementos para estigmatizarla, acusarla de bruja y marginarla. Debió llevar una vida muy dura. No tener hijos era como decir que su vida era estéril, que había perdido el tiempo, que… mil cosas. Pero ella, precisamente ella, con su vida dura, testimonia que todo pasó según su promesa y amor. Aquí hay muchas viejecitas así, como Maman Caroline de la Leprosería y tantas otras. Aquí hay todo un pueblo que lucha por sobrevivir día tras día pero que no deja de mirar hacia adelante.

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Como las noticias parece que no dicen mucho, os cuento yo en síntesis lo que ha pasado en R.D. Congo y que, de momento, ha resuelto la dificilísima crisis política que atravesaba el país. Retomo la historia allí donde la dejé, con mi Carta a los Reyes Magos del 26 de diciembre. Como os comentaba entonces, el 28 de diciembre el Gobierno y la Oposición retomaron el diálogo, por mediación de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO). Esperábamos acuerdo para el 30 de diciembre a las 15h30… y nada… a las 19h iban a firmar, convocaron al Cuerpo Diplomático… y nada… anunciaron que a las 20h… y llegamos al 31 de diciembre sin firma. En toda la mañana, nada. Y aquí la Iglesia, que en toda esta crisis ha hecho un papel inmejorable y un grandísimo servicio a nuestro país, intervino con fuerza, diciendo a las 13h que o se firmaba el Acuerdo o la CENCO se retiraba. Era necesario firmar… o la noche del 31 al 1 habría sido un caos nacional y un estallido de violencia. Las negociaciones siguieron por la tarde, y ya os podéis imaginar a todo un país de 70 millones de habitantes pendientes del resultado. Un grupo de mujeres rodeó el Centro Interdiocesano (donde han sido las reuniones) diciendo que o firmaban o ellos no salían del edificio., ¡qué grande y fuerte es la mujer congoleña! Y… ¡por fin! Se anunció la esperada firma, que tuvo lugar en una ceremonia que empezó a las 22h45. Mientras esto sucedía, nuestra pequeña Comunidad estaba en la Adoración de la Eucaristía. Fue algo muy bello.

La negociación, a diferencia de la del 18 de octubre, ha sido muy, muy dura, pero buena (por eso ha sido dura). El Presidente – tal como lo prevé la Constitución, no puede ir a un tercer mandato, aunque continúa siendo Presidente durante el año de transición (aunque a partir de marzo, verá sus poderes muy disminuidos); la Primatura es para la Agrupación de los partidos de la Oposición, a partir del mes de marzo (un punto muy discutido porque Badibanga había sido nombrado ministro muy recientemente, y anunció la composición del nuevo Gobierno – con 20 puestos más que el anterior, en la noche del 19 de diciembre, día en que expiraba el mandato de Kabila); la dirección del Comité de Seguimiento ha sido dada al opositor Etienne Tshisekedi. El objetivo es organizar elecciones presidenciales, legislativas nacionales y provinciales para finales de 2017. La Comisión Electoral Nacional Independiente será controlada. La Oposición no ha podido obtener el regreso y la exención de cargos del principal opositor, Moïse Katumbi (exgobernador del Ex – Katanga), candidato a las presidenciales. Su caso y el de dos más (Jean-Claude Muyambo Kyassa y Eugène Diomi Ndongala) serán estudiados por un grupo de magistrados (dicho punto figura en el acuerdo). El 31 de diciembre, Katumbi pidió que su caso no fuera un obstáculo para la firma del acuerdo y, por consiguiente, para la paz, y dijo que él podía esperar, a pesar de ser una injusticia y de que mantiene su intención de ser candidato a las presidenciales (esto lo hace más popular aún de lo que ya es). Por su parte, el Gobierno ha aceptado no poder hacer ningún tipo de referéndum ni consulta.

El Acuerdo ha distendido el ambiente y nos ha traído mucha paz y esperanza. Pero la gente dice: “estaremos atentos para que se cumpla”. Y luego, la gente sigue con su vida dura del día a día, con el franco congoleño que se ha devaluado muchísimo (hace seis meses 1 $ = 900 FC y ahora 1 $ = 1 300 FC). En una economía tan de subsistencia, ya os podéis imaginar lo que eso supone. El otro día, me impresionó leer una noticia que situaba el índice de pobreza en menos de 1,2$ al día… porque aquí, al menos en nuestro poblado (y así vive muchííííísima gente en todo el país) vive con menos de 1,2$ al día toda una familia, y si llega. Pero muchas cosas han cambiado, porque mucha gente habla ya abiertamente, porque se ha demostrado que este Pueblo tiene voz propia, porque la gente quiere vivir su vida con dignidad, y quiere una vida mejor para sus hijos y sus nietos. Y está claro que esta Nación quiere también la paz. Hemos vivido momentos de amistad, de preocupación, de tensión, de tristeza por los que han muerto en las manifestaciones, de aliento por cada nuevo paso positivo… y ahora tenemos un 2017 por delante lleno de interrogantes, retos y sueños.

Y recordando a los que nos han precedido, a los que han soñado con ver días mejores para nuestro país pero que ni siquiera han llegado a gustar este horizonte, a nuestros hermanos y hermanas que tanto sufren en el Este, escribo una frase tomada de la autobiografía de Malala: “si creemos en algo que es más grande que nuestras vidas, nuestras voces se multiplicarán, aunque estemos muertos. No podemos dejarlo ahora”. Caminaremos en la no-violencia y en la construcción de una Nación basada en el diálogo, en la libertad, y en la paz. Que se haga realidad en nosotros la Palabra de Dios: “Vosotros seréis mi pueblo, y yo seré vuestro Dios. Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi Espíritu de Amor… y habitaréis en la tierra que di a vuestros padres”.

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