Amor artesanal

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Desde que leí la carta apostólica del Papa “Misericordia et Misera”, escrita con motivo de la Clausura del Año de la Misericordia, no paro de meditarla, porque me vuelve una y otra vez al corazón, sobre todo esto:

Estamos llamados a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos. Las obras de misericordia son «artesanales»: ninguna de ellas es igual a otra; nuestras manos las pueden modelar de mil modos, y aunque sea único el Dios que las inspira y única la «materia» de la que están hechas, es decir la misericordia misma, cada una adquiere una forma diversa.

Pienso en tantos gestos de ese “amor artesanal” que se viven en tantísimos lugares del planeta: Carmen, con una pequeñísima pensión, cuida de su madre enferma en Ávila; fundaciones, asociaciones y ong que nos ayudan a hacer proyectos de desarrollo con cientos de horas de trabajo silencioso y sacrificado; periodistas que se juegan la piel por contar lo que nadie cuenta; una amiga que ora por todos desde un monasterio de clausura; familias que cuidan con tanto amor de sus hijos y se preocupan por hacer que crezcan en un ambiente que les ayude a ser felices; voluntarios que trabajan con gente en la prisión, con personas con discapacidad; mis hermanas que viven y acompañan a los chicos de un centro de protección de menores; personas que arreglan los papeles de los inmigrantes; grupos que se dedican a asistir a los refugiados cuando sus barquillos llegan a las costas de Grecia; sacerdotes que acompañan a los cristianos perseguidos; i-misioneros que intentan llegar a las “periferias” a través de la red; profesionales que luchan para unas leyes más duras contra los así llamados minerales “de sangre”; me acuerdo de la tortilla que hacía mi abuela con patatas fritas para acompañar… podríamos recordar y escribir miles y millones de páginas. Todas ellas preciosas. Y ninguna obra es igual a otra. Y lo artesanal no se compara, se aprecia en sí mismo. “One by one”, uno a uno. Por eso es tan bonita la vocación que Dios nos ha confiado a cada uno de vivir “artesanalmente” y de hacer de nuestra historia humana una historia de amor.

Hoy me ha llegado por Twitter (#VidaparaMaría) un testimonio, el del padre de María, una niña de 11 años que padece un agresivo cáncer de huesos, y que le están tratando en la Clínica Universitaria de Navarra. Ha escrito un libro, Contra la desolación, compartiendo su experiencia. He leído un pequeño fragmento que figura en la página web:

Tanto la inacción como la autocompasión significarían desampararte, mi niña, a tus solas propias fuerzas. Elijo enfocar mi absoluta vitalidad en contribuir a tu futuro, y abdico del malabarismo que necesitaría salvar del desplome la existencia que era y ya no soy. Sea cual sea el resultado final, no soltaré tu mano, no me moveré de aquí, un huiré de esta zona tan amarga, a la que no obstante impido que cale dentro de mí. Me envuelve, sí, pero no me paraliza.

Hoy, mientras te anestesiaban e introducían la quimio a través de tu arteria, he hablado con el oncólogo sobre las noticias dadas por el cirujano, la necesidad de “limpiar” el lugar donde se apoya el fémur y él, al centrarse en lo principal, que es erradicar el cáncer de tu cuerpo, imparte una importantísima lección (…)”.

“Amor artesanal” de esa jovencita que lucha por su vida, “amor artesanal” de su padre siempre junto a ella, “amor artesanal” del médico que la sigue, “amor artesanal” de los enfermeros…

Medito el “amor artesanal” pensando en una joven madre, ingresada aquí en nuestro Hospital de Kanzenze, con un avanzado cáncer de hígado. Aquí no tenemos ni quimio ni nada, sólo lo mínimo para por lo menos ofrecerle un acompañamiento digno en ésta la que, probablemente, será su última etapa. Y el “amor artesanal” de su esposo que está ahí, a su lado…

Ayer vino a hablar conmigo una niña de 14 años que fue violada el año pasado. Perdió a su mamá cuando tenía 9 y es la mayor de tres hermanos. A veces hay que esperar tiempo, tiempo… hasta que los niños hablan. Y ella vino ayer. Se sentó en mi despacho, hablábamos de unas cosas, de otras, de los amigos, de las notas, del maquillaje… hasta que su rostro se ensombreció y me dijo, sin mirarme: “yo me siento sucia”. Y comenzó a contarme lo que le había pasado.Y sentir que en ese dolor despuntaba tímidamente una esperanza. “Amor artesanal” de tantos educadores que escuchan, acogen y acompañan para sacar lo mejor de los chic@s.

“Amor artesanal” de un alumno que me dijo que quería hacer algo por nuestra escuela, dejar “huella” y que está arreglando todos los parterres y haciendo semilleros de flores.

Hoy preparábamos las actividades del mes de diciembre con los profesores: el Adviento, la buena acción, el retiro de alumnos, la Misa y la fiesta de Navidad… los chic@s lo preparan todo con mucha ilusión, y lo viven. Y mientras hablábamos de una comida sencilla que podríamos compartir, ha salido el tema de que nos encantaría poder invitar a los chicos a algo. Y hablábamos de las realidades que muchas familias afrontan este año, de muchos chic@s que sólo comen una vez al día y que no disfrutan de una alimentación adecuada… “amor artesanal” de los profes para inventar un año más una fiesta feliz para nuestros chavales.

Volviendo a casa por el camino de tierra roja, un señor me contaba que desde hace meses no se toma ni una cerveza y que, gracias a eso, pueden comprar cada mes un bidón de aceite para toda su familia. Y mientras conversábamos, pasaba otro señor empujando una bicicleta cargada de carbón, esa esa lucha sin cuartel que lleva la gente para sacar adelante su vida – la de los suyos, como sea… “amor artesanal” de quienes dan la vida en silencio, día a día.

Vivir el “amor artesanal” en lo que Dios me confía, y agradecer tanto amor artesanal como veo a mi alrededor y en el mundo, es lo que quiero para este Adviento. Sin ceder a la desesperanza, a la incertidumbre, a las expectativas no cumplidas… aquí, ahora, en este momento, AMOR ARTESANAL. Como decía la Madre Teresa, gotas en medio del oceáno, pero sin ellas, faltaría cada una de esas gotas. Asombrada ante tanto amor, asomada de puntillas al misterio del ser humano, de cada persona, creada a imagen y semejanza de Dios que es Amor. Y agradecida a “Sus pequeñitos” que custodian para mí ese Amor de Jesús con su amistad sincera y fiel.

Estoy escuchando un villancico en francés, que habla de la luz de Jesús que brilla y da esperanza en medio de la oscuridad. No importa si aún no ha llegado la Navidad. Es siempre Navidad desde que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Gracias, Jesús, por tanto “amor artesanal”, por tantas existencias colmadas de luz. Gracias por esa luz que llega hasta los rincones más recónditos y oscuros. Tú eres, en verdad, la Luz del mundo.

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