Como un queso gruyere

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Acabo de llegar hoy a Lubumbashi, después de 12 horas en jeep desde Kamina, en la provincia de Haut-Lomami. Allí he estado trabajando con mis hermanas en la elaboración de proyectos de desarrollo. Tres días intensos, entre el 11 y el 14. Ayer me di una vuelta por la “ciudad” de Kamina. Por un lado, es un punto clave en el trazado ferroviario del país. Es sede de numerosas autoridades civiles y también es sede episcopal. Sin embargo, casi toda la ciudad es como un gran poblado. La inmensa mayoría de los hogares sin luz ni agua, y muchas casas, no todas, con techos de paja. “Se capta en el ambiente” una vida dura, esa lucha de tantos en nuestro país por sobrevivir y cubrir las necesidades más básicas. Las hermanas dirigimos allí un Liceo de Educación Secundaria, que nos cedieron las religiosas belgas de Pittem. En medio de un ambiente difícil, de corrupción y de decadencia educativa, queremos ofrecer una educación de calidad… es un reto y una preciosa aventura. Una de las formas más bellas de vivir con los más pobres y ponerse a su servicio es brindarles la posibilidad de una buena educación integral.

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Un viaje de 12 horas en jeep, con avería incluida (¡a pleno sol!), da mucho de sí, así que en el camino iba hablando con una hermana en una de esas conversaciones que son como poner un montón de temas en una “termomix”, dejándose fluir y llevar por el Espíritu de Dios y por la alegría de la fraternidad (o sororidad) compartida.

Íbamos recogiendo las experiencias de estos días de trabajo intenso y comentando un poco de todo. Ahora mismo, nuestro país está “patas arriba”, con la paz pendiente de un hilo… atentos a las reuniones del 17 de octubre en Europa y, sobre todo, del 27 de octubre en Angola. Y cada día una novedad: quién dirigirá el tiempo de transición a partir del 19 de diciembre, cuándo serán las elecciones, qué movimientos hay en la oposición, tal manifestación que ha sido convocada… Lo vivimos con paz, pero atentas a la realidad de nuestro pueblo y a su dolor. Porque en todo esto quienes más sufren son siempre los más pobres.

También comentábamos un impresionante artículo de Alex Perry publicado ayer en The Washington Post (y que podéis leer en http://www.washingtonpost.com/sf/world/2016/10/13/they-survived-boko-haram-now-millions-in-nigeria-face-a-new-threat-starvation/). Habla de una estrategia del Gobierno nigeriano para combatir a Boko Haram: “starve the enemy”, “dejar morir de hambre al enemigo”. Un modo de combatir con los insurgentes extremistas islámicos situados en Borno, Nigeria. Pero para luchar contra ellos, esta hambruna está afectando ya a más de 3 millones de personas, muchas de las cuales han huido de Boko Haram y han sufrido sus terribles brutalidades. Algo parecido, como comenta Alex Perry, a lo sucedido en Somalia en 2011 (Cfr. The Rift. A new Africa breaks free / La gran grieta. El despertar de África). Y… el mundo apenas sabe nada… quizás por algún tweet que no tiene mucho eco o por algún que otro artículo.

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Recordábamos a Xavier Aldekoa, que en estos días nos ha acercado a la realidad de Etiopía, que empezó con unas revueltas en el norte que se extendieron después a todo el país. Y que han causado más de 800 muertos. Menos mal que algunos informan de lo que rara vez es noticia. Porque, a otro nivel, está el silencio de la comunidad internacional… porque Etiopía es un punto clave para algunas potencias extranjeras.

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Y luego, hablábamos de nuestra vida con su riqueza y su pobreza, de nuestros sueños, aspiraciones, dificultades, luchas, gozos… de la belleza de la vida en la realidad de lo que es.

Y de pronto, mi hermana me dice: ¿Sabes? La vida es como un queso gruyere. Lo leí en alguna parte y se me quedó…lo que constituye al queso gruyere es su “ser queso”, aunque tenga agujeros. Los agujeros son el “no-queso”, el “vacío de queso. Es lo que pasa en nuestra vida, en el mundo. Hay tantos vacíos como en el queso, y esos vacíos son la falta de Cristo, que fecunda toda la realidad desde dentro, pero que aún no está en plenitud en toda la realidad. Esos vacíos que son las injusticias, el hambre, la inestabilidad política, el sufrimiento de la gente, y también nuestro propio barro… Sin embargo, nada puede contener ni aplastar el dinamismo imparable de la Resurrección. Esta realidad que vivimos es ya pero todavía no, todavía no pero ya, la carne de Cristo (Col.2, 17). Esta realidad nuestra. Esos vacíos que claman por ser llenados, hasta que todo sea queso, hasta que vivamos en plenitud la filiación y la fraternidad.

Los agujeros del queso gruyere, que nos hablan de esa posibilidad de ir fecundando toda la vida, de crecer en esperanza, de ir llenando todo de Cristo por nuestra respuesta positiva al “sí” ya definitivo, y de una vez para siempre, de Su Amor. Como le dijo Jesús a Juliana de Norwich, en “aquel día” nadie se sentirá impulsado a decir que las cosas podrían haber sido de otra manera, tal es la maravilla de lo que contemplarán nuestros ojos. Y ese “aquel día” empieza hoy.

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