Archivos Mensuales: octubre 2016

Tocando la tuba

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Es que… me gusta tanto esa expresión de mi amiga Inma que, aunque ya la he citado alguna vez, no me importa repetirla. Es genial eso de comprender la vida y la llamada de Dios así: “mira, a ti te dio por tocar la tuba…”. Como para decir de una manera divertida, que cada uno en la vida siente en lo más hondo de su corazón lo que está llamado a hacer, y eso a veces no es siempre fácil de explicar.

Me gustan mucho las notas cotidianas que aportan a la vida un toque diferente, como éstas:

– Efrassie, de 3 años, que cuando me ve, se acerca corriendo por el camino de tierra, sin parar de reír, como un terremoto, para que la coja en brazos. Con esa expresión tan sencilla y tan bonita: “ma soeur”, que me hace sentir lo que soy, su hermana, y “de ellos”. Porque soy de Jesús, porque Él lo ha querido así, mi vida le pertenece por entero también a cada uno. Y ser de los “pequeñitos”, como dice un amigo mío, es algo verdaderamente bello.

En la foto, Efrassie es la de las trencitas de colores.

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– Mis alumnos de 1º. Estuve una semana fuera, entre Kamina y Lubumbashi, por temas de cooperación al desarrollo, echando un cable en las otras misiones. Y, al volver, los chavales me dicen: “ma soeur, te hemos echado mucho de menos”. Yo les dije que yo también les había echado tanto de menos, y la verdad es que no concibo la vida sin estar rodeada de niños y jóvenes. Hace dos meses no los conocía, pero ahora ya forman parte de mí. Y eso es un regalo precioso.

– Un amigo sacerdote que, al verme el otro día, me dijo: “tu regreso aquí, y más en este momento de nuestro país, es para mí como el Credo, un acto de fe”. Cuando yo le pregunté qué quería decir, me dijo: “es responder con tu vida a Jesús, más allá de las palabras, y eso llena de esperanza a nuestro pueblo que sufre. Tu vuelta nos reconforta”.

– Una hermana de Comunidad que, preparándonos para la Misa del viernes pasado en la Parroquia, por la tarde, me dice: “¿Vamos juntas?” Sentirme con mis hermanas africanas una misma familia, una misma Congregación.

– Un paseo por el jardín y, de repente, sorprenderme de que vivo en África. Con la sensación de sentirme tan en casa que me parece que desde siempre vivo aquí, y que ya ni me acuerdo de tantos miles de kilómetros que una atraviesa en avión hasta aterrizar en este rinconcito del corazón de Dios.

– Una reunión con el Inspector de Educación. Constatar que trabajamos codo con codo con la gente, con el país, en plena “masa”, con lo que ya existe fecundándolo desde dentro, queriendo ser levadura.

A mis sueños que tocan la tuba, me gustaría añadir algo… pensando en que en Navidad se pueden echar a volar los sueños, que se puede escribir al Niño Dios, a Papá Noel y a los Reyes Magos, y que los más pequeños ya están mirando los catálogos de juguetes… sueño con:

– La curación de Héritier. Es un niño de 6 meses, hijo de una profe de Primaria, que tuvo problemas al nacer y en los primeros meses de vida, y que tiene complicaciones neurológicas severas. Si la discapacidad es un reto y un desafío en muchos lugares del mundo, imaginaos lo que es aquí. De momento, la Fundación Recover y la Fundación Mencía nos están asesorando. Pero nos hará falta ayuda si tiene que ir al médico en Lubumbashi, para medicamentos… Si no se puede curar, por lo menos que pueda vivir un poquito mejor, más aliviado. Y su familia también. Quiero pediros que recéis por él, para que su existencia, larga o corta, se feliz para él y para los demás.

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– Ayudas para proyectos agrícolas y de ganadería: cría de pollos, cerdos, cabras…y de comercio. Ayudas que quieren favorecer especialmente a las mujeres en dificultad. Hoy mismo ha venido la mamá de una alumna. Su marido la dejó, tiene 2 hijos en Secundaria y otros en Primaria. Le gustaría montar o bien un pequeño quiosco o bien algo de cría de animales para poder sacar adelante a su familia. ¿Quién se anima a enviar una ayuda y/o a sensibilizar a familiares, amigos…?

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– Ayudas para material escolar para la Escuela, para mejorar la Biblioteca y los recursos didácticos. Las familias contribuyen siempre, pero una ayuda nos vendría fenomenal. Me encantaría comprar un esqueleto (en réplica, ¡claro!) para las clases de Ciencias Naturales y algunas láminas explicativas para las distintas materias.

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Siempre podéis ayudar entrando en la pestaña COLABORA. Ahí está todo explicado.

Ayer, día del DOMUND, me llegó un texto precioso (me lo mandó mi padre, que es “genial”), un fragmento de un libro de R. Guardini titulado El Señor. Comenta tres pasajes evangélicos: la resurrección de la hija de Jairo, la resurrección del hijo de la viuda de Naín y la resurrección de Lázaro (el amigo de Jesús). Por cierto, es uno de los libros de cabecera del Papa Francisco. Me gustó tanto que lo transcribo aquí:

(…) Sólo que no lo vemos; pero tenemos que creer en las palabras de Cristo. Dios nos mira a todos y cada uno de nosotros como a la viuda de Naín que va tras el féretro. Cada uno de nosotros debe estar convencido de que, para Dios, su existencia es más importante que Sirio o la Vía Láctea. El corazón y el destino de cada uno de nosotros, visto desde Dios, es el centro del mundo. Pero el curso del universo, como acontece visiblemente, lo oculta por todas partes. Nuestra historia humana aparece, efectivamente, como un microscópico trasiego en la corteza terrestre, y mi vida como un instante que se pierde en el infinito. Tengo que creer, por tanto; y creyendo, afirmar ese sentido auténtico del mundo frente a la imperiosa objeción de todo lo que veo. Esa es la victoria que «vence al mundo» (1 Jn 5,4). Pero aquí, en estos tres pasajes, Cristo descorre el velo para que podamos hacernos una idea de cómo son realmente las cosas. Pero eso, también exclusivamente en y por la fe. Por más que aquí, a la luz de sus ojos, la fe resulta más fácil que ante la marcha habitual de los engranajes del mundo.

El día que una descubre esto, la vida hace como los globos a los que se les suelta el nudo y empiezan a volar por el aire, en desorden, haciendo un ruido parecido a una “pedorreta”… eso que siempre hace reír a cualquier niño en cualquier parte del mundo. Eso pasa cuando una se da cuenta que nuestro deseo humano de existir en el corazón de otro se colma en el corazón de Dios. Porque todo esto va de una sola cosa… no va de heroísmo, de proezas, de cosas fantásticas ni de hazañas misioneras… no… como decía un misionero  recientemente, nuestra vida es muy normal, somos “del montón”… todo esto va de un Amor más grande… todo esto va de Jesús de Nazareth. Él, lo que toma y “retoma” (como decía hoy el Papa en su discurso a la 36ª Congregación General de la Compañía de Jesús) es el corazón, y nos enseña a “caminar pacientemente con nuestros pueblos, aprendiendo de ellos el modo mejor de ayudarlos y servirlos”.

Una historia única o una narrativa compartida

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Chimamanda Adichie es una escritora nigeriana nacida en 1977. Hace poco, descubrí una charla suya, gracias a una amiga, titulada “The Danger of a Single Story” (“El peligro de una historia única”). Podéis escuchar la charla original en inglés en:

https://www.youtube.com/watch?v=D9Ihs241zeg

La charla en inglés subtitulada en español está en:

https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story?language=es

La transcripción del texto en español está en:

https://www.ted.com/talks/chimamanda_adichie_the_danger_of_a_single_story/transcript?language=es

El mensaje de fondo es no tener una historia única, sino un equilibrio de historias. No dejar que una sola narración lo configure y lo defina todo. Porque como ella dice, “creamos la historia única, mostramos a un pueblo como una cosa, una sola cosa, una y otra vez, hasta que se convierte en eso”. No sólo un pueblo, sino todo.

Este verano hice un taller de Focusing en Madrid, trabajando lo que es la “emoción sentida”. Hay algo que me gustó especialmente, y es esa importancia de “crear un espacio”, de “proteger”. Hay historias que nos contamos a nosotros mismos una y otra vez, en una única versión. Pero no podemos dejar que nuestras propias historias, repetidas una y otra vez, terminen ofreciéndonos una visión distorsionada de la realidad… eso nos hace daño. Por eso decía Santa Teresa que “la imaginación es la loca de la casa” y por eso, en todas las tradiciones religiosas, se vislumbra la necesidad del silenciamiento para acceder a la verdad de nosotros mismos y al encuentro con Dios. Tampoco podemos dejar que los demás nos definan, que ejerzan de “crítico interno” sobre nosotros y que con sus palabras y su visión nos encierren en una jaula (aunque ésta sea de oro). No, nacimos para ser libres, así nos creó nuestro Dios, a Su imagen y semejanza. Nos llamó para volver a Él en la individualidad de lo que somos, en esa belleza de cada ser humano. Lo que nos define en la vida es nuestra dignidad única de hijos de Dios. Y es sólo Su mirada de misericordia lo que nos da nuestra verdadera identidad.

De alguna manera, intuyo que no sólo nuestra experiencia más personal, sino el mundo está lleno de esos signos que hicieron exclamar al profeta Isaías: “Yo hago algo nuevo, ya está brotando, ¿no lo notáis?” (Is.43,19).

Otro aspecto de la reflexión sobre el modo de contar historias, es lo que yo llamaría el creciente movimiento en favor de una narrativa compartida. Desde ámbitos muy diferentes, los seres humanos estamos viviendo ese movimiento que, en el fondo, es como dar un paso más en el proceso evolutivo, caminando hacia estadios superiores de vida y de conciencia (una idea que leí en un libro muy interesante de K.Wilber). Uno de esos signos ha sido para mí la primera homilía del nuevo Superior General de la Compañía de Jesús, el venezolano Arturo Sosa. En ella, decía a los jesuitas que

“queremos colaborar generosamente con otros, dentro y fuera de la Iglesia, en la conciencia que surge de la experiencia de Dios que lleva a la misión de Cristo Jesús, que no nos pertenece en exclusividad, sino que compartimos con muchos hombres y mujeres consagrados al servicio de los demás”.

Pensamiento que está muy en la línea de lo que viene señalando como camino evangélico el Papa Francisco desde el comienzo de su pontificado.

Desde el inicio de este curso, nuestra Congregación, Pureza de María, está embarcada en la aventura de un centro de acogida y estancia temporal de menores en una localidad granadina, junto con los Hermanos de la Salle y dos laicas. Es una manera nueva, profética, de comprender la misión, de vivirla de forma verdaderamente “compartida”. Y es una experiencia presente que contiene en sí una semilla de futuro.

Otro signo es el pregón del DOMUND pronunciado por Pilar Rahola en Barcelona. Me ha parecido un precioso indicio de esa comunión y de ese reconocimiento mutuo que brotan más allá de las fronteras visibles de la Iglesia:

“(…) un viaje hacia el centro de la humanidad: a los creyentes, a los agnósticos, a los ateos, a los que sienten y a los que dudan, a los que creen y a los que niegan, o no saben, o querrían y no pueden”.

También en África algo se mueve. El 15 de diciembre de 2015, Alberto Virella, Embajador de España en la República de Senegal y antiguo director de cooperación con África y Asia en la AECID, publicaba en El País un artículo titulado “África no es el futuro de la cooperación”. Un tema que se ha retomada recientemente con motivo de unas jornadas sobre Cooperación en Senegal. La idea clave es que sean “los gobiernos y sociedades de esos países quienes determinen las prioridades” y no las ONG, agencias de desarrollo y organismos internacionales, porque, cuando lo hacen los propios países, “movilizan su propia voluntad política, a veces respaldada por consensos, sus recursos humanos más capaces y medios financieros, limitados pero endógenos”. Por ello, son vitales “la inclusión y la participación social”. Una escucha humilde y un deseo de estar al servicio de los demás, nos pueden dar una mejor perspectiva de las cosas. En “Un altre mirada del continent”, Xavier Aldekoa cuenta el problema del agua desde la perspectiva de la tribu himba del norte de Namibia (“Otra mirada del continente con Javier Aldekoa”, se puede oír en http://play.uwhisp.com/Nohoserac1/sons-dafrica-histories-dun-continent-de-musica-amb-xavier-aldekoa). Ante un gran problema de sequía que han padecido en estos últimos años, toda la cooperación internacional estaba centrada en llevarles agua, y sin embargo a ellos no les preocupaba ese problema, que podían solucionar muy bien gracias a sus conocimientos de la naturaleza (siguiendo las rutas de los elefantes), sino que les preocupaba la comida para los animales, y para eso sí que necesitaban ayuda. Una perspectiva totalmente distinta, que muestra que, desde fuera, o desde una idea de superioridad, se pueden imponer programas que no son ni los más necesarios ni los más beneficiosos.

Uno de los ejemplos más bellos que ha vivido la historia africana fue la creación de la “Comisión para la Verdad y la Reconciliación” para restaurar la situación después del régimen del apartheid. Fue una idea preciosa, profunda y alternativa, probablemente diversa a lo que se nos hubiera ocurrido a otros en otros puntos del planeta y procedentes de otra cultura y mentalidad. Esto nació de un pueblo en cuyos orígenes estaba fielmente enraizado el “ubuntu” y que se podría traducir por algo así como “yo soy porque nosotros somos”.

Como misionera, y en mi pequeña experiencia de 8 años en la República Democrática del Congo, me doy cuenta de lo importante que es abrirse a la inmensa riqueza de África. Es verdad que algunas veces podemos hablar por los que no tienen voz, ante realidades tremendas de “invisibilidad” (como mostraba Javier Bardem en su documental) pero es muchísimo más importante darnos cuenta de que la gente con la que vivimos, los habitantes de nuestro poblado, de nuestro país, de nuestro continente, hablan con voz propia. Los proyectos que de verdad funcionan son los que surgen de la base, aquellos en los que se implica la gente, aquellos que responden a sus necesidades reales y que están enraizados en la creatividad y la potencialidad de las personas concretas. Vivir aquí me desmonta todo una y mil veces, es como un mundo que se desmorona y que surge constantemente de nuevo. Lo único que de verdad “funciona” es la comunión porque, como dice Chimamanda Adichie al final de su conferencia:

“cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una sola historia sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso”.

Como un queso gruyere

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Acabo de llegar hoy a Lubumbashi, después de 12 horas en jeep desde Kamina, en la provincia de Haut-Lomami. Allí he estado trabajando con mis hermanas en la elaboración de proyectos de desarrollo. Tres días intensos, entre el 11 y el 14. Ayer me di una vuelta por la “ciudad” de Kamina. Por un lado, es un punto clave en el trazado ferroviario del país. Es sede de numerosas autoridades civiles y también es sede episcopal. Sin embargo, casi toda la ciudad es como un gran poblado. La inmensa mayoría de los hogares sin luz ni agua, y muchas casas, no todas, con techos de paja. “Se capta en el ambiente” una vida dura, esa lucha de tantos en nuestro país por sobrevivir y cubrir las necesidades más básicas. Las hermanas dirigimos allí un Liceo de Educación Secundaria, que nos cedieron las religiosas belgas de Pittem. En medio de un ambiente difícil, de corrupción y de decadencia educativa, queremos ofrecer una educación de calidad… es un reto y una preciosa aventura. Una de las formas más bellas de vivir con los más pobres y ponerse a su servicio es brindarles la posibilidad de una buena educación integral.

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Un viaje de 12 horas en jeep, con avería incluida (¡a pleno sol!), da mucho de sí, así que en el camino iba hablando con una hermana en una de esas conversaciones que son como poner un montón de temas en una “termomix”, dejándose fluir y llevar por el Espíritu de Dios y por la alegría de la fraternidad (o sororidad) compartida.

Íbamos recogiendo las experiencias de estos días de trabajo intenso y comentando un poco de todo. Ahora mismo, nuestro país está “patas arriba”, con la paz pendiente de un hilo… atentos a las reuniones del 17 de octubre en Europa y, sobre todo, del 27 de octubre en Angola. Y cada día una novedad: quién dirigirá el tiempo de transición a partir del 19 de diciembre, cuándo serán las elecciones, qué movimientos hay en la oposición, tal manifestación que ha sido convocada… Lo vivimos con paz, pero atentas a la realidad de nuestro pueblo y a su dolor. Porque en todo esto quienes más sufren son siempre los más pobres.

También comentábamos un impresionante artículo de Alex Perry publicado ayer en The Washington Post (y que podéis leer en http://www.washingtonpost.com/sf/world/2016/10/13/they-survived-boko-haram-now-millions-in-nigeria-face-a-new-threat-starvation/). Habla de una estrategia del Gobierno nigeriano para combatir a Boko Haram: “starve the enemy”, “dejar morir de hambre al enemigo”. Un modo de combatir con los insurgentes extremistas islámicos situados en Borno, Nigeria. Pero para luchar contra ellos, esta hambruna está afectando ya a más de 3 millones de personas, muchas de las cuales han huido de Boko Haram y han sufrido sus terribles brutalidades. Algo parecido, como comenta Alex Perry, a lo sucedido en Somalia en 2011 (Cfr. The Rift. A new Africa breaks free / La gran grieta. El despertar de África). Y… el mundo apenas sabe nada… quizás por algún tweet que no tiene mucho eco o por algún que otro artículo.

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Recordábamos a Xavier Aldekoa, que en estos días nos ha acercado a la realidad de Etiopía, que empezó con unas revueltas en el norte que se extendieron después a todo el país. Y que han causado más de 800 muertos. Menos mal que algunos informan de lo que rara vez es noticia. Porque, a otro nivel, está el silencio de la comunidad internacional… porque Etiopía es un punto clave para algunas potencias extranjeras.

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Y luego, hablábamos de nuestra vida con su riqueza y su pobreza, de nuestros sueños, aspiraciones, dificultades, luchas, gozos… de la belleza de la vida en la realidad de lo que es.

Y de pronto, mi hermana me dice: ¿Sabes? La vida es como un queso gruyere. Lo leí en alguna parte y se me quedó…lo que constituye al queso gruyere es su “ser queso”, aunque tenga agujeros. Los agujeros son el “no-queso”, el “vacío de queso. Es lo que pasa en nuestra vida, en el mundo. Hay tantos vacíos como en el queso, y esos vacíos son la falta de Cristo, que fecunda toda la realidad desde dentro, pero que aún no está en plenitud en toda la realidad. Esos vacíos que son las injusticias, el hambre, la inestabilidad política, el sufrimiento de la gente, y también nuestro propio barro… Sin embargo, nada puede contener ni aplastar el dinamismo imparable de la Resurrección. Esta realidad que vivimos es ya pero todavía no, todavía no pero ya, la carne de Cristo (Col.2, 17). Esta realidad nuestra. Esos vacíos que claman por ser llenados, hasta que todo sea queso, hasta que vivamos en plenitud la filiación y la fraternidad.

Los agujeros del queso gruyere, que nos hablan de esa posibilidad de ir fecundando toda la vida, de crecer en esperanza, de ir llenando todo de Cristo por nuestra respuesta positiva al “sí” ya definitivo, y de una vez para siempre, de Su Amor. Como le dijo Jesús a Juliana de Norwich, en “aquel día” nadie se sentirá impulsado a decir que las cosas podrían haber sido de otra manera, tal es la maravilla de lo que contemplarán nuestros ojos. Y ese “aquel día” empieza hoy.

La “audacia de lo improbable”

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Ayer vino a vernos una señora, madre de 6 hijos… buscando trabajo para su familia, pidiendo algo que hacer. Desde hace dos días, nadie come en su casa. Una de las hijas, en 1º de Primaria, ayer volvió llorando del cole, ya no podía más. Para calmar el hambre, dice que sus hijos se acuestan boca abajo y se ponen a dormir… Porque los días que comen, quizás sea un poco de bola de bukari y de verduras, una vez al día, o dos, ¡tres es todo un lujo! Enseguida me acordé de mi amigo Carlos Arriola, con el que estuve trabajando, juntos, en la 57 Campaña de Manos Unidas: “Plántale cara al hambre: siembra”. Él hablaba del “hambre programada” como estrategia política, en Guatemala. Él contaba la historia de tantos niños que sufren malnutrición, de los que duermen boca abajo para no sentir la punzada del hambre, de las consecuencias del hambre en el desarrollo evolutivo de la gente… Como dice Martín Caparrós en su libro El hambre, se experimenta una extraña sensación ante esta realidad tan dolorosa. Te duele por dentro. Te desgarra. Te descoloca. Desde hace 8 años vivo en Kanzenze, un pequeño poblado de la R.D. Congo. Sin embargo, nunca esta realidad me había sacudido como hasta ahora. La tensión política y social creciente no hace más que dificultar la vida cotidiana de la gente, en particular de los más pobres. Los intereses de algunos, ya sean nuestros propios gobernantes ya sean algunos países extranjeros, repercuten y hacen más dura la de ya por sí difícil vida de las personas.

Con un poco de creatividad y siempre, siempre, con la ayuda de Dios, hoy su esposo ya estaba trabajando. Porque como me dijo hace poco una hermana a la que quiero mucho, debemos dar el significado adecuado a las cosas que nos pasan y aprender a gestionarlas bien. Sin que el dolor nos pueda. Descansando el corazón en Jesús, el único consuelo de verdad, para poder después aliviar Su sufrimiento en los más pobres. Y luego, a veces llegan esos otros consuelos de Dios. Como el de un amigo que me escribe hoy desde España diciendo que envía un donativo de 830 € para poner en marcha un “Micro-banca de cuidados familiares”, para la mejora de la salud de la gente. Inspirada en la Banca de microcréditos que existe aquí desde el 2011 y que funciona de maravilla. Mi amigo y su generosidad van a aliviar el dolor de un montón de gente de una forma creativa, y digna, respetuosa de las personas, de su dignidad y de su propio desarrollo. O como la de una amiga que envió el otro día 30 €, por si podía echar una mano… ¡pues claro que sí! ¡todo ayuda!

Hoy he ido a ver a un amigo que está de duelo. Él trabaja aquí en Kanzenze, en el Hospital, con un sueldo de 75 $ al mes. Está casado y tiene un bebé. En su casa, se ocupan de otra niña que estudia 6º de Primaria, de la familia de su esposa. Hace dos meses una hermana suya, que vive en la capital, sin marido, murió dejando 4 hijos, que se han quedado al cargo de la abuela. Y este fin de semana, murió otra hermana suya, con una realidad familiar muy difícil, dejando 7 hijos, que también se van a quedar con la abuela. La abuela es viuda, no tiene trabajo y padece hipertensión. Y mi amigo y su hermano (que es profesor en otra ciudad y cuyo sueldo es de 120 $) se hacen cargo de toda la familia como pueden. Al dolor de la pérdida se une una miseria insoportable. Con mi amigo, en la puerta de su casita de ladrillos de barro cocido y lata, hablábamos de cómo mejorar la situación. Es una persona muy creativa e inteligente, y un hombre muy capaz. Con su esposa, han pensado que con 400 $, podrían cultivar una hectárea, alquilando un tractor, y tener una buena producción de maíz, ahora que va a empezar la estación de lluvias. Y, por otra parte, piensan en montar un pequeño negocio de Ferretería o bien de cría de cerdos; están estudiando las dos posibilidades, que serían unos 1000 $. No tienen medios para empezar, pero sería fantástico. Con su sueldo, pueden vivir su familia aquí, y los beneficios del campo de maíz y del pequeño negocio les serviría para sacar adelante a su familia.

¿QUIERES AYUDARNOS? En la Misa de inicio de la 36 Congregación General de la Compañía de Jesús celebrada el pasado 2 de octubre en Roma, el celebrante dijo que estamos llamados a intentar “la audacia de lo ‘improbable’” y preguntaba: “¿Es esta audacia todavía posible en los tiempos de crisis que vivimos, donde se revelan toda clase de violencias?” y continuaba: “Sí, es posible la audacia de hacer oír por medio de su compromiso, sus palabras, sus solidaridades, la voz siempre inesperada de Aquel que espera el mundo (…). Lo importante es abrir “en el corazón del hombre el manantial de la compasión, que consolida la alianza indefectible con aquellos que nos han sido confiados”. ¿QUIERES PARTICIPAR EN ESTA AUDACIA DE LO IMPROBABLE? (mira cómo puedes hacerlo en la pestaña COLABORA de este mismo blog).

Amar es la necesidad más profunda del corazón humano, y todos necesitamos existir en el corazón de alguien. El contacto con esta vida tan desnuda y tan despojada de los pobres de la Tierra, me hace sentir cuán profundamente existimos en el corazón de Dios. Y, por ello, necesitamos existir unos en el corazón de los otros, ninguna vida puede sernos indiferente, porque cada una es preciosa y única para Él y, por tanto, también para nosotros. Y hoy me brota esta oración: Quiero Jesús, existir siempre en Tu corazón. Quiero que los más pobres, los más olvidados, los que sufren, existan siempre en mi corazón, hasta el último suspiro. Quiero quererTe siempre en aquellos que están en las “periferias geográficas y existenciales”. Quiero adorar el Misterio profundo de Tu vida en Tu carne que son los pobres. Amén.