ISABEL SOLA O “LA ESQUINA ROTA”

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“DIOS HACE SU OBRA PERFECTA, A TRAVÉS DE PERSONAS IMPERFECTAS COMO TÚ Y COMO YO…”. Me ha encantado ese tweet de @misionesdecadiz hablando del asesinato de Isabel Solá en Haití, y que decía: “mostró su im-perfección amando a los más empobrecidos”.

No puedo negar que la noticia me ha impresionado. Todos los seres humanos formamos una gran familia, pero en medio de ella nos es dando sentir vínculos fuertes y profundos con personas de cerca y de lejos. En el cielo nos sorprenderemos de tantos lazos que nos unen unos a otros. Sin conocer de nada a Isabel, me he sentido enseguida unida a ella. Misionera. Ha compartido su vida y su sentido: Jesús, Jesús en los más pobres. Y se ha dado hasta el final. Qué importa si amando así, en Haití, en R.D.Congo o en cualquier lugar del mundo mostramos nuestra “imperfección”. Lo único que importa es la Gloria de Dios. La muerte de los demás, pacífica o violenta, lenta o brusca… nos hace pensar en nuestra propia muerte. Nos recuerda que somos finitos. Nos habla de que somos criaturas. Nos da la justa perspectiva de las cosas. Y nos pregunta cómo nos gustaría haber vivido a la hora de morir.

Después de reposar la noticia, en medio del trajín propio del comienzo de curso y de mi regreso al Congo, he releído el poema de Fernando Pessoa:

Cuando venga la Primavera,

Si yo ya estuviera muerto,

Las flores florecerán de la misma manera

Y los árboles no serán menos verdes que en la Primavera pasada.

La realidad no precisa de mí.

Siento una alegría enorme

Al pensar que mi muerte no tiene importancia alguna

Si supiera que mañana moriría

Y la primavera fuera pasado mañana,

Moriría contento, porque ella sería pasado mañana.

Si ese es su tiempo, ¿cuándo había ella de venir sino en su tiempo?

Gusto de que todo sea real y que todo esté bien;

Y gusto porque así sería, incluso si yo no gustase.

Por eso, si muriera ahora, muero contento,

Porque todo es real y todo está bien.

Pueden rezar en latín sobre mi cajón, si quisieran.

Si quisieran, pueden bailar y cantar en rueda a él.

No tengo preferencias para cuando ya no pueda tener preferencias.

Lo que fuera, cuando fuera, es que será lo que es.

[Versión original:

Quando vier a Primavera,

Se eu já estiver morto,

As flores florirão da mesma maneira

E as árvores não serão menos verdes que na Primavera passada.

A realidade não precisa de mim.

Sinto uma alegria enorme

Ao pensar que a minha morte não tem importância nenhuma

Se soubesse que amanhã morria

E a Primavera era depois de amanhã,

Morreria contente, porque ela era depois de amanhã.

Se esse é o seu tempo, quando havia ela de vir senão no seu tempo?

Gosto que tudo seja real e que tudo esteja certo;

E gosto porque assim seria, mesmo que eu não gostasse.

Por isso, se morrer agora, morro contente,

Porque tudo é real e tudo está certo.

Podem rezar latim sobre o meu caixão, se quiserem.

Se quiserem, podem dançar e cantar à roda dele.

Não tenho preferências para quando já não puder ter preferências.

O que for, quando for, é que será o que é.]

A través de una nota a pie de página de un escrito de Antropología Psiquiátrica, di con una referencia a un libro de Mario Benedetti titulado Primavera con una esquina rota. Ahí fue donde encontré este poema tan bonito de Pessoa (sólo por eso creo que haré el esfuerzo, en cuando pueda, de aprender portugués, porque me parece bellísimo). Me gustó lo de “primavera con una esquina rota” porque me dio la imagen para algo que he ido experimentando últimamente. A veces la gente cree que los misioneros somos personas extraordinarias, pero eso no es verdad. Somos personas pequeñas, frágiles, pecadoras, débiles… “im-perfectas”. Cuando las personas que quizás en un momento nos han idealizado nos conocen como somos, pueden sorprenderse e incluso desecharnos como a un cacharro inútil, o empezarnos a reprochar todo lo que en nosotros no corresponde a sus expectativas… ¿soy entonces “una primavera con una esquina rota”?; sucede también que la convivencia prolongada en otro país, en otro pueblo, con gentes de otra lengua, costumbres y cultura, ha ido modificando nuestra manera de pensar, de sentir, de hacer, de expresarnos… nuestros gustos y proyectos…; se produce una misteriosa expansión de nuestro mundo interior, pero a veces ya no tenemos palabras para explicar lo que nos pasa a los otros. Los demás se vuelven impacientes como en la novela de Michael Ende, cuando Momo tiene que pasar tres veces con la bandeja de comida rápida para hablar con su amigo, y le sucede que como no puede contestar y sólo mira a su amigo Nino, a su amigo eso le confunde sin ella quererlo. Momo no puede hablarle de la música y las flores. Y, con todo, lo que importa no es “mi esquina rota”, sino Su Primavera. Porque para seguir a Jesús es necesario soltar amarras y bogar mar adentro, con una infinita confianza.

Ante las preguntas insistentes de cómo puedo abandonar las seguridades que tenía, las comodidades materiales, la tendencia natural a formar una familia, a la ternura de un hombre, al cariño de unos hijos… a todo lo que constituye lo propio y natural de los humanos…; ante la pregunta de un proceso que va “al revés” (no “Inside up”, sino “Up inside” o “Up down”) no puedo responder ya rápidamente, como antes, cuando solía tener respuestas rápidas para todo. Cuando después me retiro en silencio, y vuelvo a este país tan lleno de dolor y de amor, me doy cuenta de que la respuesta es sólo una: Jesús, Jesús en los pobres. Y El ama “mis esquinas rotas” porque no me ha dicho que sea perfecta, sólo me ha dicho: “Ven y sígueme”. Amo a Jesús. Amo a Africa. Africa y Dios. Entonces, experimento que soy “una primavera con una esquina rota”, porque me gustaría hablar de lo que llevo dentro, y compartir el tesoro, pero ya no sé… que sólo sé que Jesús me ha mirado con Su amor, con el mismo amor con el que mira a los más pobres de entre los pobres. Y que Jesús, como le preguntaba insistentemente a la Madre Teresa en su llamada, me dice, nos dice: “¿te negarás?”… “tengo sed”… “ven, sé mi luz”.

Aunque no sepa explicarlo muy bien:

(…) si muriera ahora, muero contento, 

Porque todo es real y todo está bien. 

A veces es sólo a través de los pequeños fracasos, de las pequeñas humillaciones, de los despojos cotidianos… como comprendemos que, en realidad, nosotros mismos (y nuestras “esquinas rotas”) no somos demasiado importantes, que no importa tomarnos tan en serio. No porque no tengamos valor, porque tú, yo… cada un@, tenemos un valor infinito: somos hij@s de Dios; sino porque nuestra identidad, como escribía un amigo mío en una meditación, no nos viene ni de afuera ni de adentro, sino de Dios. Todo lo demás termina, pasa, es efímero… pero “el amor no pasa nunca”. Aunque haya “esquinas rotas”. Quiero que en mi vida, Jesús, siempre sea más importante tu Primavera – Tu Pascua, Tu paso, que mis esquinas rotas. No quiero dejar de oír nunca Tu música ni dejar de ver Tus flores. Y sé que en el Cielo ya no habrá esquinas, y por eso tampoco estarán rotas, sino que será como una eterna Primavera.

Isabel, gracias por tu vida, por tu muerte, por tu entrega, por tu “im-perfección”, por tu “esquina rota”… ¡feliz Primavera!

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