Archivos Mensuales: septiembre 2016

Obra Social “La Caixa” y muchos sueños compartidos

“Los sueños compartidos acaban por cumplirse”… me lo decía siempre mi amiga Montse Fuster, durante muchos años presidenta de AMADIP.ESMENT, cuando trabajábamos juntas en el cole, en Palma de Mallorca.

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Hoy quiero compartir con vosotros tres sueños hechos realidad. Los tres en el Instituto Uzima en Kanzenze (Lualaba, R.D.Congo). El Instituto Uzima es el único centro escolar y del poblado que ofrece actividades extraescolares a los jóvenes. Hace 5 años que impulsamos estas actividades y hemos visto que éstas favorecen mucho la integración, la unidad y la paz, han hecho disminuir la violencia y han motivado mucho, ¡muchísimo! a los jóvenes.

El primero, la Escuela de Música del Instituto Uzima, de 370 alumn@s y con dos opciones: Pedagogía General y Comercial-Informática. En Africa la música ocupa un lugar especial, es como el alma de la cultura y de la gente, pero los jóvenes no tenían en el poblado ningún espacio ni los medios apropiados para profundizar en ella. No lo tenían hasta que la Obra Social “La Caixa”, la ONG Africa Directo y Mallorca Missionera nos apoyaron y convirtieron nuestro sueño en realidad. ¿Os lo imagináis? Teclados, baterías, bajos, guitarras eléctricas, micros, estudio de grabación… ¡una pasada!

En las dos primeras semanas de cole, ensayos, alegría y nervios para el estreno:

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El miércoles 28, tuvimos la misa de inaguración oficial del año escolar 2016-2017, y con ella, la inauguración de nuestra incipiente Escuela de Música. Aunque… ¡ya soñamos con nuestro primer disco y estamos preparando nuestro primer concierto!

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La Obra Social “La Caixa” ha subvencionado, además, la construcción del espacio deportivo del nuevo Instituto Uzima. Ahora contamos con un espacioso hangar, una pista de basket y una de volley, lugares en los que disfrutan los alumnos por las mañanas, y los chavales del poblado por las tardes. ¡Están felices! Y el deporte, os lo aseguro, atraviesa fronteras, tribus, lenguas, razas, clases sociales… ¡ubuntu!

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El último sueño es un Reporter Kit, que nos va a permitir grabar en vivo, hacer reportajes, documentales, cortos… con nuestros alumnos, de los proyectos y de la realidad que vivimos aquí.

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A todos… ¡GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Algunas instantáneas de la ciudad

Trabajo artesanal. He ido a comprar unos cubos metálicos para la Escuela y una regadera…

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Un cartel que habla por sí solo… 100% ??????????????????????????????????????????????????

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Lámparas que funcionan con paneles solares. Una 51 $, de dos 72 $, de cuatro 151 $… ¡es genial para los hogares a los que no llega la luz!

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Los niños… ¡lo mejor de África!

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Un mapa que me gusta porque sale Sudán del Sur…

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Ni más… ni menos…

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Ni más ni menos. Eso es lo que siento, lo que pienso. Que cada vida es única. Lo decía en su testamento el P. Christian de Chergé, de Thibirine, asesinado en Argelia en 1996: “Mi vida no tiene más valor que otra vida. Tampoco tiene menos”.

Y hoy lo escribo con perplejidad dentro de mi corazón. Entre el lunes y el miércoles han muerto unas 100 personas en la capital de nuestro país, Kinshasa (aunque el Gobierno haya dicho que son 21). La inmensa mayoría civiles, aunque también algunos agentes de seguridad del Estado.

Me pregunto por qué los medios: prensa, telediarios, Twitter… se hacen más eco de unas vidas que de otras, de unas muertes que de otras, de unas violaciones que de otras. ¿Por qué? El valor de la vida de una persona no depende de dónde hayas nacido, ni de cuál es tu color de piel, tu posición social o tu “status” en la escala del mundo.

Incluso respecto a la transmisión de la información tengo sentimientos encontrados. Son de agradecer los informes de la MONUSCO, y de Human Rights Watch, y de los periodistas que se han jugado el pellejo cubriendo las últimas noticias que sacuden nuestro país. Muchos de ellos son “testigos molestos” para los que el Gobierno se inventa artimañas con el fin de hacerlos salir o de borrarlos del mapa. Y, sin embargo, esto se cocía desde hace tiempo. No ha sido un estallido repentino. En nuestra zona, la provincia minera de Lualaba (antes Katanga) y, concretamente, en la ciudad de Kolwezi (a 56 km. de nuestro poblado), todas las semanas muere gente en las minas. Los salarios son muy malos. Las condiciones de seguridad, peores aún. En los últimos meses se ha despedido de mala manera a más de 1000 trabajadores. Las mujeres lavan en ríos contaminados con índices de toxicidad altísimos. Y… esas empresas son extranjeras. Algunas norteamericanas, alguna india y ahora, casi todas compradas por China. Desde hace años se sabe que esos acuerdos de explotación son muy favorables a los extranjeros y muy desfavorables para los congoleños. Es verdad que hay subcontratas, y que la gente de nuestro país muchas veces se vende al poder y al mejor postor. Que los dirigentes compran fácilmente a los sindicatos. Pero, ¿por qué no se ha denunciado todo eso? No esporádicamente, sino con una voz clara y fuerte.

O, ¿por qué nuestro país y muchos otros de África son como una especie de vertedero en los que se vende lo que ya no se quiere en otras partes, o a donde se trae literalmente la basura del así llamado “Primer Mundo”?

Y, respecto a las Fuerzas de Seguridad, hoy me contaba un amigo que tiene familia en Kinshasa, que los cascos azules salieron a contar los muertos. Pero la población no quiere sólo que se cuenten los muertos. Queremos que nos protejan, si para eso están aquí. No seré yo quien tumbe de un plumazo la encomiable labor de muchos de esos agentes de seguridad que han dejado su familia, su patria, que han puesto en riesgo su vida, para estar donde están. Pero se hace necesario decir que hay que revisar esa labor. Yo no estaba entre el lunes y el miércoles en Kinshasa para saber lo que realmente pasó, pero sí estaba en Lubumbashi en marzo de 2012 cuando entraron los Mai-Mai desde la Ruashi hasta el centro de la ciudad. Cuando después de unas cuantas horas pudimos regresar a casa una hermana y yo, tuvimos que andar casi 40 minutos desde el lugar en el que prácticamente empezó todo hasta nuestra Comunidad. Algunas balas perdidas, militares… pero ni un solo agente “azul”. ¿Por qué?

Hace unos días hubo de nuevo matanzas en Beni. Donde murió asesinado en marzo el P. Machozi. El Este es “una olla de caracoles” mientras siguen saliendo minerales sin control. El mundo no se ha enterado, ¿por qué?

La población está harta. Nunca la Oposición se había unido con una sola voz, salvando las diferencias de tribus y de ambición por el poder, para reclamar un cambio. Esperemos que busquen la paz y que estén a la altura de la dignidad del pueblo al que sus miembros, como políticos, están llamados a servir.

Hace unas semanas he conocido a Maman Sandrine. Es huérfana de padre y madre. Hace un año, su marido la abandonó, y la dejó con tres niños de 4 años, 2 años y un bebé. Porque cuando ella dio a luz, él ya no estaba. Vive en una chabola de adobe y lata. Subsiste vendiendo agua que va a buscar cada día al río. Carga bidones de 20 litros a varios kilómetros, y vende el bidón a 200 FC (es decir, para ganar 1 $ necesita 5 bidones). Así pasa el día, cargando agua una y otra vez y vendiéndola a los fabricantes de ladrillos o a alguna familia un poco más “acomodada” que pueda permitirse comprar el agua en vez de irla a buscar (al menos algún que otro bidón). El marido de su hermano (sólo son dos, ¡cosa rara!) vive en Kolwezi y gana 45 $ al mes, en pequeños trabajos. Él le ha ayudado a buscar una casa, porque el propietario la ha echado de la chabola en la que vivía. Y hace lo que puede para ayudar un poco a la familia.

Antes de ayer se presentó en la escuela Ritong Kayinda. Tiene 18 años. Cuando era un niño muy pequeño aún, murió su padre. Los 6 hermanos se trasladaron a Zambia con su madre, pues allí residía su familia. Pero al poco, su madre murió. Entonces sus hermanos se quedaron en Zambia y de él pidió ocuparse una tía materna. Así fue como regresó al Congo. Su tía pagó la Escuela Primaria… pero cuando acabó 6º al final del curso pasado, le dijo que se buscara la vida. Que ella ya no podía seguir pagando. Ritong ha trabajado todo el verano, para comer y para ganar para la Escuela. Ha cultivado y ha fabricado carbón. Pero ahora, el dinero no le llega para la inscripción, el uniforme, los cuadernos. Y no sabe tampoco cómo pagará cada mes, porque si tiene que estudiar, no puede trabajar como cuando no hay clase, o de lo contrario, suspenderá… porque Ritong tiene 18 años, y tendría que haber terminado la Secundaria, pero aún no la ha empezado, y lleva falta de base, años en que no ha ido a la escuela por falta de medios… Y Ritong quiere estudiar.

Cada día, cada día… historias así. No son exageradas, ni para llamar la atención. Es lo que hay. El otro día me lo decía una hermana congoleña con lágrimas en los ojos: “nuestro pueblo sufre”.

Esto es lo que pasa ante el “silencio vergonzoso” de la comunidad internacional, como denunció el Papa en el Ángelus del 14 de agosto. Sin embargo, no puedo dejar de soñar lo mismo que Carton, el que para mí es el verdadero protagonista de Historia de dos ciudades, de Dickens. Lo sueño para este pueblo nuestro, como si fuera él mismo el que dijera:

Veo salir de este abismo una ciudad espléndida y una nación gloriosa, y veo que esta nación, con sus luchas para conquistar la libertad, con sus triunfos y sus derrotas, expía gradualmente y borra después para siempre los crímenes de esta época sangrienta y los de los tiempos antiguos que engendraron estas venganzas.

Veo a los seres venerados por los cuales voy a morir, viviendo (…) una vida tranquila, útil y feliz.

(…) Veo el santuario que me han erigido en su corazón y en el de sus descendientes. La veo en su vejez llorando aún el aniversario de este día.

(…) Veo al niño que lleva mi nombre crecer y seguir su camino en la vida donde yo me he extraviado; le veo noble de corazón y de inteligencia; le veo superar todos los obstáculos con tan feliz éxito que mi nombre se purifica y llega a ser ilustre con el brillo del suyo. Le veo al frente de la magistratura de su país, honrado por todos, padre de un hijo que lleva también mi nombre y que tiene esos cabellos de oro y esa frente que tan bien conozco. Veo cómo lo trae aquí – a este sitio que ya es bello, que no conserva un vestigio de la desfiguración de este día – y le cuenta mi historia con voz trémula y conmovida.

Lo que hago hoy es infinitamente mejor que cuanto habría hecho en el porvenir, y por fin voy a gozar del descanso que nunca he conocido.

En medio de todo esto, una llamada, la llamada misionera. Y, hablando de llamadas, hoy me ha llamado una amiga desde Asturias. ¡Esos regalos sorprendentes e inesperados de Dios! Hablábamos del don de la vida, que se vive tanto más intensamente cuánto más se vive para los demás. Que se disfruta cuanto más la recibes como un don, pero sin agarrarte a ella. La vida está llamada a hacerse Eucaristía, es decir, don de nosotros mismos, entrega, atención a los demás sin reservarnos nada para nosotros mismos. En medio de todo, Dios nos regala la alegría inmensa de descubrir lo que le hizo ver a San Francisco de Borja, que no hay alegría comparable a la de gastar la vida en Su servicio.

¡Un abrazo grande! Unid@s en la oración,

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¿Qué está pasando en el Congo?

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Hoy me ha llegado un artículo publicado en El País, muy interesante, titulado “Kabila se quiere perpetuar en Congo”:

http://internacional.elpais.com/internacional/2016/09/13/actualidad/1473783661_265181.html

Os invito a leerlo, porque no tiene desperdicio. Y, a partir de ahí, os añado algunos detalles:

En los días del juicio de Moïse Katumbi, cientos de personas montaban guardia en su casa por la noche. Llegado el día, muchos no fueron a trabajar. En lugar de eso, se presentaron con bidones de gasolina esperando los resultados. Parecía que se iban a llevar a Katumbi en avión desde Lubumbashi a Kinshasa, pero la gente dejó claro cuál era el mensaje: que no se lo llevaran o prendían fuego a todo. La gente está harta… la miseria es muy dura. No puede haber paz sin justicia. Y en nuestro país, la inmensa mayoría de la población, no hace sino intentar sobrevivir, sin agua, sin luz, sin lo indispensable, sin poder comer tres veces al día (o ninguna…). La mayoría sin ingresos fijos, muchos sin el salario que les corresponde… por eso, no hay viaje en que la policía no te pare por la carretera para pedir “maji” (agua), lo cual quiere decir darle algo de dinero. Por eso los robos no hacen sino aumentar. La esperanza de vida es de 50 años. Día a día escuchamos historias: un niño que ha muerto por no poder acceder a una cura de malaria, una familia en que ningún hijo está escolarizado, ancianos sin ningún tipo de pensión ni asistencia social, tantas personas que no tienen el mínimo alojamiento, niños de la calle…

La policía obliga a gente del mercado y alrededores a ir a manifestaciones en favor del Presidente. Si no vas, tendrás problemas. En muchísimos lugares (¡hasta en nuestro poblado!) hay “espías”, gente que se dedica a conseguir información y a controlar las opiniones. Los que llevan página de www.benilubero.com, amenazados.

Lo que está pasando es que alguien se agarra al poder como una lapa…

Sin embargo, sería injusto señalar a la R. D. Congo como único responsable de este “caos contenido”. La R. D. Congo es un país muy rico y todo el mundo quiere una buena parte en el pedazo de tarta: coltán, cobre, cobalto, oro, energía eléctrica, agua (el así llamado “oro azul”)… No todos los abogados extranjeros, muchísimos, que asistieron al juicio de Moïse Katumbi lo hicieron “por amor al arte”. Cuando cambiemos de Presidente, muchos seguirán queriendo pinchar el tenedor y llevarse la mejor parte, y eso se prepara. Sobre la intervención extranjera en nuestro país y en África, no dejéis de leer “La gran grieta. El despertar de África” de Alex Perry. Da mucha luz, ayuda comprender las cosas desde dentro o, al menos, desde un lugar nada convencional.

Maurice Blondel y una viejecita

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Eucaristía a las 17h 30 en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús en Kanzenze. He llegado después de un día intenso de escuela (¡mi primera clase del nuevo curso! He disfrutado), reunión de padres de becarios por la tarde, algunas preocupaciones… el día a día de nuestra misión, con sus pequeñas cosas, sus gozos y sus sombras.

Delante de mí había una señora mayor, viejecita. Un poco chepada, las manos deformadas, vestida muy pobre y con un bastón de palo de madera. Y… no olía muy bien. En estos días hace bastante calor (35º a la sombra), la gente tiene que ir a buscar el agua al río y una persona como ella lo tiene muy difícil, con lo cual se economiza el agua para lo más imprescindible.

Ha empezado la Eucaristía y yo no podía dejar de fijarme en ella. Ella era como la mujer del evangelio que busca la moneda o, mejor, como la que echó en el cepillo del templo todo lo que tenía para vivir. Seguía la Misa con tanta devoción, con tanto recogimiento… que yo he sentido que Dios me estaba haciendo el regalo de vivir la Eucaristía a través de su corazón. Al ir a comulgar, y al volver, se oía el “clac, clac” de su bastón y yo miraba sus pasos torpes e indecisos, pensando en lo a gusto que debe sentirse Dios en un corazón así. Mi padre solía decirnos cuando éramos pequeños que el Espíritu Santo se siente muy a gusto en el corazón de las personas que sufren alguna discapacidad. A pesar de su cuerpo ya bastante deforme, ha juntado sus manos y se ha puesto de rodillas, en esa oración silente en la que cada cual sigue la conversación en la intimidad con Dios.

En el poblado existen ancianas que viven solas. Es verdad que, en nuestra cultura africana, los ancianos son respetados, pero no siempre. A veces se quedan solos, se les deja de lado por la enfermedad, se les acusa de brujería… y la miseria que hace de la vida una batalla por sobrevivir empuja a veces a vivir la ley del más fuerte. Sentía, imaginaba, el abandono y la soledad que tiene que vivir a veces esta viejecita. Tan pobre de todo. Tan pobre de todo, pero tan llena de Dios. Le falta de todo pero no le faltaba nada, porque llevaba al Señor, porque lleva al Señor.

¡Qué distinto sería nuestro país, cuya paz está pendiente de un hilo si nuestros gobernantes aprendieran un poco más de esta viejecita! Nuestros dirigentes están agarrados al poder, y no sabemos aún a qué puerto nos va a llevar el famoso “diálogo” empezado en septiembre. De momento se ha retirado la Oposición y la CENCO (Conferencia Episcopal de los Obispos del Congo) no deja de mostrar su preocupación, ya que piden que verdaderamente se favorezcan las Presidenciales para diciembre del 2016. El Presidente, como en muchos otros países africanos, no puede ir a un tercer mandato, y no le queda ningún margen… pero a lo largo de estos meses, cada día oímos una cosa: que si el censo, que si cambiar la Constitución… que si… que si… Mientras tanto, presos políticos, falta de libertad de expresión, entrada de militares de los países vecinos… Como aquí la gente es muy aguda, tiene mucho sentido del humor y además es naturalmente espiritual, hay un dicho popular: “El Presidente tiene de todo, pero no puede dormir como los pobres” (en el sentido de que no tiene paz, siempre con miedo a que lo maten, con escolta por todas partes, cambiando de casa…).

Cuando mi hermana hizo la Primera Comunión, recuerdo que en el cole le regalaron una estampa preciosa que decía: “Dame, Señor, un corazón de niño”. Me gustaba mucho la imagen, de un niño sonriente y pacífico, y la oración. Hoy, recordando la estampa y sintiendo todo lo que sentía, le he pedido a Dios: “Dame, Señor, un corazón como el de esta viejecita”. Le he pedido a Dios que me enseñe ese “olvido de sí” en el que tantas veces los pobres son nuestros mejores maestros.

Recuerdo que, en mis años de estudio en la Universidad Gregoriana, vivía un gran contraste. Por las mañanas, entraba por una escalinata en aquel antiguo e imponente edificio, para escuchar unas clases, por lo general, maravillosas. Filosofía de la Ciencia, Historia de la Iglesia, Sagrada Escritura… con unos profesores magníficos y muy preparados. Pero hay tres de los que me acuerdo de un modo especial:

– El P. Carlo Huber, entonces Decano de Filosofía, que en su primera clase nos habló de la sabiduría de San José y de lo que de verdad cuenta en la vida.

– El P. Gilbert, que combinaba las lecciones de Ontología con su trabajo con discapacitados profundos.

– El P. Leclerc, que al tiempo que nos explicaba la Filosofía Moderna nos introducía en una asociación llamada Ayuda al Cuarto Mundo. Si la filosofía de Blondel, de la que él era entusiasta, se basaba en el universal concreto, el quid estaba en hacernos ver que ese universal concreto es el más pobre, a quien hay que poner siempre en el centro.

Cuando volvía a casa, me encontraba con otra realidad. Además de ayudar en las tareas domésticas normales y de la Residencia de estudiantes, era la encargada de ayudar a cuidar de una hermana mayor que había perdido la cabeza y a la que había que hacerle absolutamente todo. No sé si aprendí más en las aulas o con aquella hermana y con otra más mayor que la cuidaba siempre y la acompañaba. O quizás de lo que más aprendí fue de la simbiosis y conexión de esos dos mundos.

Así que cuando en mi vida todo se junta: la vida sencilla de nuestra Comunidad, dar clase a los alumnos de 1º, dirigir la Escuela, llevar proyectos de cooperación al desarrollo, profundizar en la Historia de África, ir conociendo mejor la lengua local… pienso que es un don. ¿Por qué estás ahí? ¿Qué haces ahí, en ese pequeño poblado? Quizás tu vida sería más útil de otro modo… sí, a veces me lo han dicho… pero, lo que estoy haciendo, es recibir el regalo inmenso de aprender cada día a vivir, como esa viejecita de la Eucaristía de hoy. Y me gusta experimentar lo que dice el Papa Francisco, que si ayudamos a una sola persona nuestra vida no habrá sido vana. Y que estoy aquí porque Dios quiere.

Hace poco me llegó por whatsapp una preciosa canción de Lilly Goodman. Os dejo con parte de la letra, a modo de oración, de deseo, de esperanza… A mí me hace sentir, como un eco, la fuerza imparable de la Resurrección de Jesús, que pone siempre nuestro mundo del revés.

Y aprendí que en la vida todo tiene un sentido,

Y descubrí que todo obra para bien

(…)

Y aprendí que lo que pasa bajo el cielo,

Conoces tú que todo tiene una razón,

Y que al final será mucho mejor lo que vendrá…

(…)

Y todo bien saldrá,

Siempre has estado aquí,

Tu palabra no ha fallado,

Y nunca me has dejado,

Descansa mi confianza sobre Ti…

La providencia existe… y Serge te espera

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¡Hola, amigos!

La Providencia existe y se llama… “Dios sigue tocando los corazones”. El otro día os escribí un post hablándoos de las necesidades de la familia de Womba y, de pronto, alguien contestó y ya ha enviado lo que nos hace falta. Hay también quien me escribió y me dijo que por la crisis no podía aportar nada material, pero que aportaba su oración. Y así es como se va tejiendo una preciosa cadena en la que nos ayudamos unos a otros y vivimos ese “amor artesanal” del que tanto nos habla el Papa Francisco.

Serge Lusumba es un alumno que tiene que empezar 6º de Secundaria, el último año de Opción Pedagógica, que le capacita para ser maestro de Primaria. Es muy buen alumno, y siempre ocupa uno de los tres primeros puestos en su clase, y le gusta mucho estudiar. Es el menor de 11 hermanos (su padre enviudó y se volvió a casar). Sus padres se dedican a los trabajos del campo. Ser el pequeño en algunas zonas de la R.D.Congo, y en nuestor medio rural, vuelve la vida especialmente difícil.

Conozco a Serge desde que tenía 12 años, porque cursó 1º y 2º de Secundaria en nuestro Instituto. La familia es de Mpala, un poblado a 13 km del nuestro, aunque cuando tenía que empezar 3º se trasladó a Mutshatsha, una localidad a unas 5 horas de aquí en vehículo.

Desde hace algo más de una semana, Serge está en nuestro Hospital. Llegó con fiebres tifoideas y disentería. Ha estado a punto de morir. Le tuvieron que hacer dos transfusiones y, aunque ahora ya está mejor, se encuentra en recuperación.

Hoy he ido a verlo al Hospital, el otro día pasamos un ratito juntos y le prometí que hoy volvería. Su familia había ahorrado para el comienzo de curso, porque este año es especialmente importante. Después, aunque no pueda seguir en la Universidad por falta de medios, tendrá su Diploma de Estado y podrá trabajar, tener un salario y ganarse la vida. Pero todo el dinero que habían ahorrado se lo han gastado en cuidados médicos y en medicamentos. Para colmo, la cosecha este año no ha sido nada buena. Ahora hay que esperar a la estación de lluvias, pero no se recogerán las primicias hasta diciembre, y el curso estará ya muy avanzado. Han luchado año tras año y ahora, ¿qué?

Cuando se recupere (si Dios quiere le darán el alta en este mes de septiembre) va a necesitar 170 € que le permitirán cubrir los estudios de todo el año.

Si queréis colaborar, no tenéis más que mirar en este mismo blog en la pestaña COLABORA y veréis cómo hacerlo. En concepto podéis poner UZIMA SERGE.

En mi oración, confío a Serge, a su familia y a vosotros a María. Que ella nos de un corazón grande y generoso en el que el primer lugar lo tengan siempre los que más lo necesitan.

¡Mil gracias!

Ushindi